Pikachu

lunes, 16 de julio de 2012

Prólogo de: Los susurros de Della


PRÓLOGO

Estaba oscuro, y mis ojos poco podían acostumbrarse a aquella luz, que no servía de nada, porque era tan tenue y tan débil, que no existía.
Dolorosamente, supe que había llegado el día. El día en el que me buscarían y me matarían, en el que me juzgarían por todo lo que hice y todo lo que he hecho. Por ser tan descarada ante la nobleza, por tener que escribir. Por ser fiel a mi mundo. Ahora debería corresponder con la muerte.
Cuando me encontraron, no dieron crédito a lo que vieron. Mis ojos, mis labios, mi cuerpo y mi ser, estaban tendidos en el suelo, ensangrentado.
-No-n-no se habrá...
-¿...suicidado?
Obviamente no; aunque debería de haberlo hecho hace mucho tiempo en unas condiciones muy precisas. Justo cuando supe todo el poder que influía a los demás. Por eso me odiaban, porque no sabían que yo no era un ser malvado sino una alma buena, llena de espíritu de una conciencia, dispuesta a vivir: no a morir.
Todos me miraron, yo no podía verlos, el caso era que esto estaba escrito. Oh, por supuesto que estaba escrito, lo había escrito yo.
Y por eso me iban a ejecutar, y por eso sabía que me estaban mirando.
A continuación, ellos se acercarían, sigilosos como fantasmas, para intentar ver mi rostro. Mi rostro estaría como muerto, y sencillamente todo lo tenía que escribir.
Seguí apuntándome en la muñeca:
Bajo la tenue luz, los guardias llevaron a Della hacia la puerta, arrastrándola, mientras que el único ruido que había -a parte de las pisadas de los guardias, que eran a grandes zancadas-, era el vestido color beis, largo y hermoso, pero sucio y algo viejo, que era tan precioso como un viejo diamante que era fuerte sí, pero que se desgasta poco a poco.
Llevaron a Della por las calles. Todos lo vieron. Fueron testigos de la muerte que se alzaba ante ellos.
Abrí los ojos.

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