¿Cómo estáis? Yo ya voy a mejor... aunque sigo teniendo anginas -.-".
Ehem... creo que esto es una buena noticia, ¡he acabado el primer capítulo! wiii
Pero he tardado lo sé, pero he estado haciendo el argumento del libro, que por cierto, aún no lo he acabado, y bueno, he estado bastante entretenida n.n
Os paso el capítulo ^^:
CAPÍTULO
1: El cambio
Tunna
se despertó con inseguridad esa mañana de diciembre. Poco a poco
se iba acostumbrando a su realidad.
Había
tenido una pesadilla, pero no era tan aterradora como las de siempre,
esta era más sencilla, sin recordarla, pero sabiendo que había sido
terrible.
Se
vistió y se peinó, dejando su pelo largo y castaño oscuro suave y
liso al tacto.
Desayunó,
e hizo sus tareas antes de marcharse al instituto.
A
“La Cárcel para Niños”, como lo había apodado ella. Y no
precisamente por los profesores, sino que aquel lugar había cambiado
de lleno su vida ante el rechazo de los demás.
Sacudió
la cabeza y entró dentro del instituto.
El
lugar estaba tranquilo porque había llegado antes. Se sentó justo
al lado de la puerta y esperó a que sonara el timbre y pudiera
entrar a clase.
Las
clases le distraían de su soledad. De pensar, que una vez había
sido muy conocida entre todos ellos, y que después pasó a ser
nadie. Ni siquiera recordaban su nombre, o si bien lo hacían, no
mostraban la menor debilidad por decirlo.
Todos
sus problemas desaparecían cuando había clase, porque intentaba
estar atenta a los profesores, porque todo era mejor que hundirse en
aquel pozo sin fondo que no le llevaría a ningún lugar.
Así que se dejó
arropar por la charla de los profesores, que bueno, no era muy
divertida pero por lo menos olvidaría todo lo que debía olvidar.
En
el patio, lo pasó absolutamente sola, como de costumbre, desde hacía
seis meses.
Seis
meses de amargura, de soledad y de darse cuenta de
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cómo
son las cosas.
En
el segundo patio sacó un cuaderno, y empezó a dibujar. Era lo único
que le distraía. Había empezado cuando la empezaron a marginar y
cuando ella luego inició su automarginación.
Llevaba
ya tres cuadernos, y este estaba por la mitad. Tenía dibujos sobre
lugares, sobre fragmentos de libros que había leído y que le
encantaban, y luego los había empezado a pintar con sumo cuidado.
Siempre
le había gustado pintar y dibujar, pero nunca había dejado que esa
afición saliera a la luz, pero ahora allí estaba, no como un
recuerdo lejano, sino como algo tan cercano a ella como lo era un
libro.
Cuando
salió del instituto caminó hacia casa, tranquilamente, imaginando
una historia, algo lejano, algo donde pudiera estar.
En
la cumbre de una montaña, en la orilla de un río, en el silencio
nocturno mirando las estrellas. Pensó.
Pero
Tunna no se dejó llevar por sus imaginaciones, así que sacudió la
cabeza y siguió andando despreocupadamente.
Cuando
llegó a casa, el ambiente estaba calmado. Siempre había peleas, por
todas partes. Tenía un hermano pequeño: Tom. Su hermano se le
parecía, y eso Tunna lo odiaba.
Marginarse,
ser callado y acabar en un rincón sin decir nada era exactamente lo
que no quería para su hermano.
De
echo, Tunna no quería eso para nadie, ni para sus peores enemigas,
aunque no las tuviera, porque la indiferencia gobernaba en su vida.
Comió
sin emitir palabra. Sus padres ya no se molestaban en hacerle hablar,
¿para qué? ¿para que ella respondiera con un simple “no” o
“sí”? Ellos pensaban que para hablar así, mejor
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estar
callado.
Y por eso Tom y
Tunna jamás hablaban.
A la noche, Tunna
no podía conciliar el sueño así que se levantó y se apoyó sobre
el alféizar de la ventana mirando fijamente al cielo. No había
luna.
En estas noches
era cuando Tunna murmuraba para sí misma todo lo que le estaba
pasando, y decía lo que pensaba sin parar:
-Esto no es
justo. No es justo lo que hicieron, no quiero volver a pasar por lo
mismo, soy alguien débil, no tengo fuerzas para nada. Estoy cansada
de ser el alma fuerte, porque no soy nada de nada. No soy quien
pretendo ser: Una chica fría y sin emociones que se cree que puede
vivir sin hablar, sin discutir, sin sentir, teniendo la conciencia
limpia cuando no la tengo. No la tendré jamás. Así que, ¿por qué
no desaparezco? ¿Por qué no puedo desaparecer? Me gustaría que
todo acabara, que todo se desvaneciera a mi paso una mañana de
diciembre, y que no volviera, que no volviera a repetirse jamás.
Quiero desaparecer. Quiero que el mundo desaparezca. -y mientras
pronunciaba eso se quedó dormida allí sentada, envuelta por el
cansancio.
A la mañana
siguiente la cabeza le daba vueltas y la espalda le dolía demasiado.
Estaba en una
mala postura, así que se levantó y se dio una ducha rápida antes
de marchar al instituto.
Las clases le
parecieron sumamente aburridas, pero no le importó, pues aún podía
distraerse de alguna forma.
Al salir del
instituto, una suave brisa le acarició el pelo, y Tunna tuvo un
escalofrío.
De repente, el
suelo que pisaba empezó a cambiar, ya no había asfalto, sino barro
y piedras.
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Cuando levantó
la vista, las casas ya no estaban. Todo era bosque, un camino de
piedra y barro que Tunna no tenía ni idea a dónde conducía.
Ni siquiera sabía
donde estaba. ¿Qué había ocurrido? ¿Dónde estaba?
Tunna corrió por
el camino, sus botas se metían en el barro y hacía que tropezase,
pero no le importó, siguió corriendo sin parar.
Acabó sentándose
en un tronco con barro y observó a su alrededor.
Estaba en un
camino lleno de espesura. Se notaba que aquella mañana había
llovido, pues los charcos eran abundantes y el suelo estaba muy
embarrado, además que el lugar era húmedo y hacía ese típico frío
que te llegaba a los huesos.
Tunna alzó la
mirada. Ante sí, a bastantes metros que quedaban por recorrer, había
un muro de cimiento y madera.
Una muralla.
Una ciudad.
Se levantó y
empezó a correr hacia allí. Cayó dos veces al suelo, pero no se
rindió y llegó a las murallas.
Vio carros que
pasaban al pueblo y personas que se asomaban para dar el pasaje.
Oh
no, no podré entrar en el pueblo. Se
dijo Tunna.
Miró a ambos
lados, hasta que vio un carro que no había nadie, y que cuyas
personas a las que le pertenecía el carro se habían alejado un
poco, así que no dejó que su oportunidad pasase y se escondió
dentro.
El carro estaba
relleno de paja. Se escondió en la esquina derecha del carro, se
escondió entre la paja y se puso una manta de lana por encima.
Y esperó.
¡Molaaa! xdddddddd.. Ahora solo toca esperar el II Capítulo.. ;D
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