Pikachu

sábado, 25 de agosto de 2012

¡Feliz 3r aniversario!

¡Hola a todos! Hoy, ya que es fin de semana, puedo escribir en el blog, así que empecemos ^^
Hoy, es un día muy importante, para mí, creo que es el día más importante que tengo en el mes, ya que espero pasármelo muy bien.
A parte de que hoy es el cumpleaños de mi padre -qué coincidencia-, también es el 3r aniversario que mi novio y yo llevamos juntos.
¡Tres meses ya!  
Aunque he de decir que el día no ha empezado nada bien, pero que espero que conforme pase la tarde y llegue la tarde-noche, sea un día feliz, porque de corazón os lo digo, estaba esperando este día ya hace como unas semanas, jejeje.
Porque te amo y lo sabes. Koishiteru n///n

Bueno, cambiando de tema -ayyyshhh no quiero jejejeje- emm, sí, he estado escribiendo, aunque este capítulo la verdad es que se me hace larguísimo, así que bueno, os voy a pasar un poquito, y la otra "mitad" ya la pasaré cuando la escriba jejeje:


CAPÍTULO II: El humano.

Cuando oyó pasos, Tunna se quedó inmóvil, aunque su mente estaba totalmente alterada. Millones de imágenes le comían la cabeza asustándola.
Pero lo que más le asustó fue el pasaje. Un hombre de unos cincuenta años, bajo, de anchas carnes se acercó con una …....... y empezó a remover la paja, para saber con precisión que los aldeanos no escondían nada.
Tunna se quedó sin respiración, pero no llegaron a tocarla, por suerte, enseguida entraron al pueblo y Tunna se permitió un breve suspiro, del que nadie se dio cuenta ante el jaleo del pueblo.
Después de unos minutos, llegaron a un establo. Ella se tapó la boca con la mano, con cuidado de no desvelar su escondite.
Qué mal huele aquí. Pensó.
Empezaron a quitar paja, y eso la alteró. Tras unos segundos de confusión y temor, Tunna se quedó en el establo, sin ninguna otra persona más.
Aprovechó ese momento para salir.
Aquel lugar era un establo en bastante mal estado. Habían dos caballos, que era justo los que llevaban el carro, que estaban descansando en un rincón con la paja que habían quitado.
Habían moscas por todas partes, bastantes boñigas y el olor era prácticamente insoportable. Así que Tunna salió corriendo de allí, pero cuando vio el pueblo le entraron ganas de morir.
No era normal.
El estilo, las calles, las casas e incluso la tierra era diferente. No estaba en su casa, era todo como si hubiera viajado a la Edad Media, pero esto era demasiado extraño como para hacer
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viajes al tiempo.
Tunna no se lo acababa de creer. Era demasiado surrealista, no podía estar en este lugar, fuera cual fuese, sino devuelta a su casa, para estar de nuevo en la monotonía del hogar.
Corrió por las calles, notando la mirada de los aldeanos en su espalda.
Todos vestían de una forma extraña y similar, y entonces se dio cuenta de dónde provenían sus miradas: Ella era la que vestía extraño. Ella era la rara.
Cuando se dio cuenta de ello, se puso su capucha y empezó a correr con más rapidez.
Pronto anocheció y se vio envuelta en algo amargo. No tenía un lugar a donde ir, no tenía la moneda adecuada para intercambiar alojamiento y por lo tanto no podía hacer nada.
Todo empezó a ponerse peor, dado que no recordaba donde estaba el establo, y además, había empezado a lloviznar.
Se escondió entre unos barriles de vino, e intentó dormir.
Tuvo una pesadilla:

Todo empieza cuando abro los ojos y descubro que a mi alrededor no hay nada. Todo empieza y todo acaba, en un ciclo increíblemente rápido. Todo empieza cuando descubro que me encuentro en un lugar desconocido y que no puedo encontrar la puerta de salida. Todo empieza cuando veo que no tengo salvación. Todo empieza cuando descubro que estoy demasiado sola como para sobrevivir. Todo acaba cuando abro los ojos.
Me encuentro en un lugar que no había visto jamás, y de haberlo visto no lo recuerdo, pero estoy segura de que este lugar es totalmente desconocido para mí. Intento mentalizar y recordar si he ido a parar misteriosamente en un lugar lejano, tal vez un lugar que haya visto en alguna foto, en algún cuadro...
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pero yo no recuerdo nada. No sé dónde estoy, no sé dónde me encuentro, y eso me hace pensar, que me he perdido, y que ya no voy a volver. Intento pensar que todo puedo cambiar, que cuando despierte, volveré a ser la misma, la misma chica que he sido siempre con mi misma monotonía y todo lo que tiene que ver con ello.
Pero luego descubro, ante mi temor, que no hay vuelta atrás, que no voy a ser la misma chica que hace a penas unas horas, que voy a cambiar, y que me las tengo que apañar para sobrevivir en este lugar tan extraño que desconozco completamente. Y tengo que tener esa fuerza de vida. La tengo que tener... En el fondo de mi corazón.
Noto calor, a pesar del frío que hace. Sé que la lluvia se ha intensificado, lo puedo notar, pero no quiero despertarme. Aún no. Sigo notando calor, y en unos minutos noto que ya no hay lluvia, y es, cuando dejo de pensar dormida, y me quedo de verdad en la pesadilla.

Voy corriendo, pero ya no veo la salida. Ojalá pueda volver. Hay una puerta, es grande, pero no tiene color, y sin embargo la puedo ver. Cuando la voy a abrir, veo que me resulta imposible. Entonces caigo en un agujero muy profundo, grito. Sé que estoy gritando. ¡Lo noto! Pero es que ya no sé que hacer. Sigo cayendo, y mis gritos empeoran... menguan... hasta que una oscuridad me ampara para siempre”

Tunna se quedó dormida después de la pesadilla. No volvió a gritar, y sin embargo, sus pensamientos habían dado en el clavo. No estaba lloviendo donde se encontraba, principalmente, porque estaba bajo un techo.
Perfectamente había podido notar el calor. El calor humano
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que correspondía a aquel lugar.
Y entonces despertó.
Primero abrió los ojos, pero los cerró inmediatamente al ver una sombra moviéndose alrededor de la chimenea.
Intentó abrir un poco los ojos, y escudriñó.
A pocos metros, se encontraba un joven que no tendría más de entre veinte y veintitrés años, que e movía con agilidad, removiendo un pequeño caldero.
El olor que provenía era fuerte, y a Tunna le entraron ganas de toser, pero se contuvo, dado que no podía dejar que ese joven se diera cuenta de que estaba despierta.
El joven era alto, con el pelo ni muy corto ni muy largo, castaño oscuro, y llevaba unos ropajes como las demás personas. Esas ropas tan raras que Tunna había presenciado y que sin embargo en este mundo ella era la rara.
Dejó de mirar al joven y empezó a mirar cautelosamente a su alrededor.
Se encontraba en una cama de paja mullida y grande, y de repente se le pasaron por la cabeza pensamientos fuera de lugar. ¿El joven se habría acostado en esa cama cuando ella estaba dormida? ¿Y si hubiera aprovechado para...?
Dejó de pensar en esas cosas porque las denegó sin piedad. El muchacho no parecía para nada ese tipo de persona.
Notó que él se iba a girar y se volvió a hacer la dormida.
Empezó a oír pasos. El muchacho se le estaba acercando, pero ella no se dejó delatar, y notó como las manos del joven le tocaban la frente a Tunna, y al quitarlas, ella respiró hondo, y entonces fue cuando notó algo húmedo, bastante frío en su frente. Abrió los ojos de golpe, delatándose, aunque el joven sonrió.
Él se había dado cuenta de que ella estaba despierta desde
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hacía un buen rato.
-Sathie. -dijo el joven.
-¿Qué? -respondió Tunna sin comprender.
-Sathie. -y le tendió un cuenco. Le hizo una señal, para que se lo bebiese y ella asintió y bebió.
No pudo evitar atragantarse. El olor fuerte provenía de la olla, y el cuenco tenía un líquido color verde que sabía y olía muy mal.
-Sutse ore va quirey... -dijo el joven, frunciendo el ceño.
-Yo... no te comprendo lo siento, no hablo tu idioma.
El ceño del joven se arrugó aún más.
-...Fasey...
Tunna suspiró, si iba a sobrevivir le iba a costar bastante.
El muchacho le tendió de nuevo el cazo, y ella negó con la cabeza, pero él insistió sin parar hasta que Tunna se lo bebió.
Agh... Qué asco, por favor. Pensó, desanimada.
El joven suspiró al ver su cara. La empujó suavemente de nuevo hacia la cama, y, aunque ella se resistió bastante, al final empezó a notar que tenía sueño, mucho sueño, y que poco a poco cerraba los ojos... Hasta quedarse dormida de nuevo.

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