Pikachu

domingo, 21 de octubre de 2012

^^

¡Buenas!
Blanca, me vas a matar, ya, ya, ya, pero, ¿qué quieres? he estado liada... jajaja, bueno, empecemos:
-Voy a publicar un capítulo de Memorias de un Sin Nombre.
-Por el momento, no puedo escribir en El Alma de los Sueños, porque me he dejado la libreta en un lugar, y mañana iré a por ella, gomen-nasai (perdón)


Las fiestas fueron bien y mal, bien, porque la verdad es que lo pasé genial, pero se acabaron muy pronto jeje, y mal, porque una amiga mía estuvo algo depre, y eso es algo que no puedo permitir. "Si tú estás mal, yo estoy mal, y, ¿¡tú no quieres que yo esté mal verdad!?" Es lo que pienso al respecto jaajajajaa, pero tenía motivos, y bueno, todos la apoyamos ^^
¡ Y aquí, el tercer capítulo de Memorias de un Sin Nombre!:

CAPÍTULO III : Jake


Pasé tres horas en el hospital. Esperando a que me dijesen que estaba bien. Esperándola a ella. ¿Cómo se le había ocurrido? ¿Estaba loca o qué? Desde luego, esto teníamos que solucionarlo.
¿Solucionarlo? ¡Pero yo qué pintaba en esto! Nada, na-da, y me había metido en una pelea, y en un intento de suicidio por ella. ¡Pero si a penas la conocía!
-Chaval -me dijo el enfermero. Di un respingo-. Puedes pasar a verla.
-Gracias. -dije, aún con el susto metido en el cuerpo.
Me metí corriendo en el interior de la habitación y cerré la puerta. Ella me miró, con la mirada me pedía perdón.
-¿Por qué lo has hecho? -murmuré, con voz casi inaudible.
-Era lo mejor para todos... -la fulminé con la mirada antes de que pudiese acabar.
-¿¡Sabes lo que acabas de hacer!? -le grité, dolido- ¿Cómo has podido hacer esto por cuatro gilipollas? -la miré, poniendo las manos en la barandilla de la camilla, no quería ser muy borde, pero la ocasión no me permitía ser muy amable, tampoco sabía como ser simpático, siempre había sido indiferente.
-Yo... -tragó saliva- Es mejor que no lo sepas, Jake. No me lo perdonaría por nada del mundo que te pasase algo.
¿Qué? ¿Qué estaba pasando?
-Emma, si te amenazan o te pegan o te acosan o lo que quiera que sea, puedes decírmelo, no va a pasarte nada.
-Que no... Nada de eso, de verdad... por favor... -me suplicó. La miré a los ojos y entendí que no podía decírmelo. O no por ahora.
Le acaricié su pelo castaño oscuro, y suspiré, luego sin
esperar reacciones de nadie la abracé y ella me abrazó a mí, entonces le susurré:
-Ya me lo dirás cuando puedas.
-Gracias Jake, te lo prometo.
Entonces entró el mismo enfermero que me había dicho que pasase.
Nos miró, y carraspeó, yo me giré, y le sonreí tímidamente.
-¿Eres su hermano? -me preguntó.
-No, soy un amigo suyo. -respondí.
-Emma -murmuró el enfermero mirando una hoja-, ¿y tus padres?
Emma miró al enfermero.
-Trabajando.
-¿Me das su número de teléfono? -y se lo dio.
El enfermero asintió y salió de la habitación. Yo le pregunté:
-¿Tus padres lo saben?
-Mis padres están muy lejos, Jake. Les he dado el teléfono de mi hermano.
Asentí. Pasamos diez minutos en silencio. Siempre pasaba lo mismo, en los hospitales no daban ganas de hablar, ¡ni que estuviésemos muertos! Pero, extrañamente era así.
Me senté a su lado y le pasé una mano por la cintura. Con la otra mano, le cogí la suya, la que tenía las marcas del intento suicida. Se las habían curado y le habían puesto siete puntos por cada corte. Y tenía dos cortes. Cuando la había visto caer y un charco pequeño de sangre, me puse histérico. Pensaba que se iba a morir. Llamé a los profesores con gritos de súplica, y ellos vinieron casi en seguida.
Ellos avisaron al hospital de que trajesen una ambulancia y que fuera rápido. Por suerte, la ambulancia vino rápidamente, pues iba de paso con un paciente nada grabe, y a Emma y a mí nos hicieron subir. A ella le pusieron en una camilla y yo me puse a su lado. Para protegerla de lo que fuera, ya no me fiaba. Pero estaba allí, con ella. Y eso me importaba.
Ella me miró, con los ojos me volvía a pedir perdón y le
susurré, mientras ella ponía su cabeza en mi hombro:
-Júrame que nunca más vas a volver a hacer eso.
-Yo...
-Júralo o no me vuelves a ver el pelo en lo que queda.
-Entonces sí tendré motivos.
-No estoy de coña, Emma. Por favor, júralo. Siempre vas a tenerme a tu lado.
-Te lo juro, Jake.
Y lo había jurado. Era un pacto, ya no se podía romper.
Dejé escapar un pequeño suspiro de satisfacción, y ella lo interpretó, supongo como un: “Gracias por estar aquí conmigo”.
La abracé de costado, y nos quedamos unos minutos más en silencio.
Al rato tocaron a la puerta y entró un chico de unos diecisiete, dieciocho años, de pelo negro, que le caía a ambos lados del rostro y de ojos color miel, que nos miraban interrogantes.


El chico corrió hasta nosotros y abrazó a Emma. Debía de ser su hermano.
Su hermano le cogió la barbilla por las manos y la miró fijamente a los ojos, y luego la volvió a abrazar. Ella también lo abrazó, y cuando se apartó, clavó sus ojos color miel en los míos. 
-Hola. -dijo el chico.
-Hola. -respondí yo.
-Soy su hermano.
-Me lo imaginaba.
-¿Tú la has salvado verdad? -preguntó él, bastante serio.
-Sí. -se anticipó a decir Emma.
El chico asintió.
-Me llamo Shey. -se presentó su hermano.
-Yo soy Jake. -volvió a asentir, y se dirigió hacía su hermana.
-¿Por qué?
Emma suspiró y me miró a mí, luego volvió a mirar a Shey.
-Comprendo. -murmuró- Esperaremos a que te den el alta y nos vamos a casa. Hoy has tenido mucho jaleo. Gracias, Jake. -dijo Shey, dirigiéndose a mí- Si no hubiese sido por ti ella no estaría viva.
-De nada. Es mi amiga. -dije. Me sonó extraño decir “es mi amiga”, ni siquiera nos conocíamos mucho, pero lo dije con claridad. Él frunció el ceño.
-Es extraño -dijo-. Emma solo se junta con esas chicas.
-Me juntaba, Shey. Pero él es mi amigo.
-Entiendo.


Cuando le dieron el alta a Emma, Shey me dijo que me llevaría a mi casa. Entonces me di cuenta de dos cosas: Una, me había perdido las clases (por algo esencial, ahora vendría la solución de explicárselo a mis padres) y dos: Shey tendría ya los dieciocho, pero claro, eso no era lo importante.
Yo les di las gracias, y cuando aparcaron en frente de mi casa, me despedí, volví a dar las gracias y me metí en casa.
No había nadie. La casa estaba desierta y era para mí solo. Miré en la nevera y vi una nota de mis padres:

Nos hemos ido al laboratorio,
hemos descubierto algo nuevo,
te llamamos luego, cariño. Por
cierto, hay algo para comer en la
nevera. Te queremos.

Subí las escaleras y volví a mirar mi cuarto. Seguían habiendo cajas sin abrir, así que me puse a ello.
Esta era mi nueva casa, por fin, mis padres habían encontrado algo en lo que estar metidos en el trabajo, y no estarían mucho por casa, pero a mí eso no me importaba. Me daba ventaja. Aunque no iba a hacer nada raro. El caso es que mientras ponía ropa en la cómoda y en el armario me quedé pensando en cómo se había quedado mirándome Emma cuando su hermano le había preguntado el por qué casi se suicida. Me entraba un miedo terrible de que su secreto tuviese que ver algo conmigo. Pero ella me había prometido que no lo volvería a hacer y que me diría su gran secreto, solo que tenía que esperar. Y yo iba a esperar todo lo que hiciese falta.
Cuando acabé con las cajas, ya era la hora de cenar. Volví a mirar mi cuarto, y vi, satisfactoriamente de que mi cuarto estaba muchísimo mejor. Ahora tenía algo más especial, por todos los libros, y como tenía una pared llena de estanterías, los libros estaban a la perfección, claro que, se me quedaba un poco corto. Necesitaba otra pared.
Bajé hasta la cocina y abrí la nevera, había “algo”, justo lo que ponía en la nota. Al principio pensaba que era una expresión, pero es que era verdad, había un trozo de lomo y otro trozo de queso y algunos refrescos.
Pues sí que lo decían en serio.
Eran las nueve y ya lo estarían cerrando todo, así que tomé una decisión: Si mañana mis padres no iban a comprar, iría yo.
Cogí el lomo y lo corté en rodajas, también corté el queso y me hice un bocadillo. Me senté en la cocina y me comí el bocadillo. Me lo acabé a los diez minutos, y volví subir a mi cuarto. Pensé que le faltaba algo a mi cuarto, pero entonces sonó mi móvil a toda pastilla, y di un respingo que me hizo dar un buen salto. Lo miré con rencor y me dije para mí mismo que tenía que cambiarme el tono. Lo cogí y vi que era mi madre, me puse el móvil en la oreja:
-Dime, mamá.
-Hola, Jake, ¿cómo estás? ¿Todo bien?
-Sí, todo bien, ya he cenado, pero mamá, ¿tardáis mucho?
-Llegaremos tarde porque nos han llamado de que han encontrado un no sé qué para algo que tampoco tengo ni idea. Así que, no nos esperes despierto, ¿vale, cielo?
-Vale, mamá. Adiós. -y colgamos los dos a la misma vez.
Fui al baño para limpiarme los dientes, y cuando volví, me puse una camiseta de manga corta, y unos pantalones largos que me hacían de pijama. No tenía frío con la camiseta de manga corta aunque estuviésemos en invierno, porque la calefacción estaba encendida.
Me tiré a la cama con un suspiro, pero me volví a levantar y me cogí un libro de la estantería. Este aún no me lo había leído, pero era el último, así que, mañana o pasado tendría que ir a pedir más libros. Al poco rato, me dormí.
A la mañana siguiente me desperté sobre las cinco de la
madrugada. Estaba ojeroso y cansado. Había soñado (pesadilla), con que Emma se suicidaba de verdad y yo no podía hacer nada para evitarlo y la sombra de su muerte me perseguía para siempre.
Anoche se me olvidaron hacer los deberes de ayer, así que, como estaba despierto y no me iba a volver a dormir empecé a hacerlos. Los acabé rápidamente y me tomé el respiro así que apagué el despertador que ya no hacía falta que me despertase, pues ya estaba despierto, y me fui a la ducha. Mientras me duchaba, no paraba de pensar en Emma. La tenía en la cabeza a todas horas, pero en seguida me desplacé de mis pensamientos hasta los de mis padres.
No habían vuelto, y lo descubrí porque la puerta de su cuarto estaba abierta y la cama no la habían tocado. Además, a estas horas debían estar ya despiertos, pues su
horario empezaba a las seis.
No me importó, una vez no vinieron en un día entero. ¿De qué me iba a extrañar ahora?
Desayuné poco, porque no tenía mucha hambre. Y esperé un cuarto de hora pero como el tiempo se pasaba tan lentamente, decidí adelantar deberes.
Los de hoy, mañana, los que el tiempo me diese por hacer.
Total, acabé el tema que estábamos dando en casi todas las asignaturas, y lo acabábamos de empezar. Eso me confortó bastante. No había perdido práctica en el estudio.
Entonces miré el reloj y vi que ya era la hora de irse a la parada. Esperé un poco y el autobús vino. Busqué con la mirada la cara o la mochila de Emma, pero no la encontré.
Hoy no vino a clase. Hoy las clases fueron de lo más aburridas. Con los deberes hechos, ya no tenía nada que hacer, así que me puse a leer. Los profesores me dirigieron breves miradas que yo interpreté como: No te pases.
Pero me dio igual, pues yo ya lo tenía todo hecho.
En el recreo lo pasé igual de aburrido, y así pasaron hasta que fueron las tres.
Salí disparado cuando sonó la campana, como aquellos pasotas que no les daba la gana hacer los deberes o estudiar. Pero al salir, me topé con esa imbécil de Geanina. 
Me miró con desdén.
-¿Tu amiguita se ha suicidado ya? ¿O tal vez espera a que te suicides tú primero? -rió.
Yo era más alto, y sin embargo, ella no tenía miedo, era de aquellas que solo se amaban a si misma y a nadie más. Decidí responder:
-¿Y tú estás esperando a que vengan a matarte o eres la siguiente víctima de tu gran gilipollez?
Me fulminó con la mirada.
-¿Seguro que ya no está en el mundo de los muertos, Jake?-pronunció mi nombre de forma basta, pero ya ni me molesté en preguntarle mi nombre, pues todo el instituto debería saberlo ya.- Hoy no ha venido... quizá haya ocurrido algo, por fin. -añadió, socarrona.
-Si hubiese ocurrido un milagro, ¿no crees que tú no estarías aquí? -y me fui dejándola con la palabra en la boca.
Que se aguantara. Suficiente me estaba yo fastidiando por este tema.
Me fui al autobús y me senté en el mismo sitio de esta mañana y que ayer. Saqué el MP4 y me puse la música bastante alta, para no escuchar sus gritos de críos cuando algunos tenían más años que yo.
Llegué a casa y mis padres no habían vuelto, así que salí y compré algo de comida, pues la nevera estaba hecha un desastre.
Eso me ayudó a no pensar unos... ¿veinticinco minutos?
Luego, cuando llegué a esa silenciosa e inhóspita casa a la que tenía que llamar “hogar”, me sentí solo y vacío, como uno de esos días que te sientes extraño y no lo puedes explicar. Pues eso mismo sentía yo.
Dejé la comida en la nevera y en los armarios, y me fui a ver la tele un rato. Menos mal que esta mañana me había quitado deberes de en cima, pero el lunes tenía dos exámenes, por lo que estuve media hora viendo la televisión y me fui un rato a estudiar.
Estudié bastante desganado, pero era lo que tenía que hacer. Al cabo de dos horribles horas de estudio, me aburrí del todo.
No sabía qué hacer: No tenía su dirección, por lo que no podía ir a visitarla a su casa, no tenía su teléfono, por lo que no podía llamarla, y, como yo no tenía correo electrónico, pues no podía chatear con ella, y además, no tenía ni idea si ella tenía correo. De todos modos, yo no iba a hacerme uno.
Así que me tiré a la cama y miré a la estantería de los libros, entonces recordé que tenía que pedir unos libros.
Me levanté de la cama, abrí un cajón de la mesita de noche y cogí dinero.
Cogí el móvil y las llaves, y me fui a la librería que tenía más cerca.
Entré y observé los libros, que me llamaban para que los leyese, pero yo tenía una lista de siete libros nuevos, que le dije al dependiente si estaban.
-Tienes suerte, -me dijo, no era muy alto (yo más que él) y tenía un poco de barriga, además de mucha barba- están todos, ves a la sección quince, allí están.
-Gracias.
No contestó pero yo fui a la sección que me había dicho sin esperar respuesta alguna.
Cogí los libros y cuando volví al mostrados, lo que vi, me dejó atónito, tanto que dejé caer los libros al suelo.
El dependiente me miró y yo susurré una disculpa y los recogí rápidamente.
En la estantería de al lado, estaba su hermano, Shey. Clavé mi mirada en su espalda.
Pagué los libros y me acerqué. Estaba consultando libros de curaciones, o eso me pareció ver.
-¿Qué tal está Emma? -pregunté. Él dio un leve respingo, lo había asustado, pero se giró y sonriente me dijo:
-Mucho mejor, pero le dolía la cabeza y no ha ido hoy al instituto.
-Ah -dije- Dile que se mejore.
-¿Por qué no se lo dices tú? -y señaló una sección en la que había una chica de espaldas, ojeando un libro.
-Oh, gracias, Shey. -se limitó a responderme con un asentimiento de cabeza y una sonrisa.
Me dirigí a Emma, y le toqué el hombro con los dedos, ella se giró, un tanto alarmada, pero se calmó al ver que era yo.
-Oh, Jake. -dijo al verme.
-Hola, Emma. ¿Qué tal lo llevas?
-Bien, he venido con mi hermano para calmarme un poco.
-Me alegro de que estés bien.
-¿Y tú qué tal estás?
-Bien, he venido porque tenía que pedir unos libros. -dije, enseñándole la bolsa- Bueno, yo me voy.
-¡Espera! -dijo Emma, como si se acabase de acordar de algo. Cogió un bolígrafo que alguien había dejado en la estantería (supuestamente el dependiente) y me escribió una serie de números en mi muñeca.
-Aquí tienes, mi número. -yo le puse el mío en su muñeca buena.
-Este es el mío.
-Tendremos que quedar. -me propuso entre lo tímido y lo
amable.
-Cuando quieras. Me di al vuelta y me despedí de su hermano con la mano.
Ya me habían alegrado el día.


Al llegar a casa estaba sencillamente feliz. Feliz, feliz, ¡feliz! Ni raro ni nada por el estilo, por fin estaba cómodo en mi cuerpo y en mi alma.
Vi que eran las ocho, y al rato llegaron mis padres. Me quedé diciendo “OH MY GOD, POR FIN HAN LLEGADO” 
Bajé las escaleras y me saludaron con una agradable sonrisa. Cenamos y luego cada uno se fue a su cuarto.
Yo empecé un nuevo libro para leer.
Me leí unas cien páginas de tirón, pero vi con desagrado que era demasiado tarde para continuar la entretenida historia, así que dejé el libro en la mesita y apagué la luz.
Mañana, sería un nuevo día.
Quedaba un día para que no hubiese luna, y de repente, oí un aullido atronador.
Lobos.



Bueno, pues ahí os dejo este capítulo, espero que os guste. A propósito, ¿esta historia os gusta? Porque, no sé, si no os gusta, yo dejo de ponerla aquí, ya me entendéis, bueno, espero que me aviséis n.n.
¡Buenas noches! Espero que durmáis bien y que mañana tengáis un buen día, gracias por dedicarle un poco de vuestro tiempo a este blog, hasta pronto ^^



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