Pikachu

miércoles, 10 de octubre de 2012

CAPÍTULO II DE MEMORIAS DE UN SIN NOMBRE (JAKE)



CAPÍTULO 2: Jake

El despertador sonó y lo apagué. Ya estaba despierto.
Me duché y me vestí, miré hacia la ventana, y quizá, en mucho tiempo, esbocé una bonita sonrisa. El por qué, no tenía ni idea, pero hoy me sentía bien.
Después de desayunar, agarré la mochila y me la colgué por los hombros, y me fui hasta la parada del autobús.
Cuando llegó, pareció que las rutas habían cambiado por dos razones: Una, llegó media hora después de que yo me sentase, y no fui muy pronto, y dos, estaba todo lleno de gente.
No encontraba ningún asiento libre, todo estaba lleno de gente, pero vi un asiento.
Al principio pensé que estaba solo, en las dos butacas, pero me di cuenta de que estaba aquella chica: Emma.
La miré y ella me sostuvo la mirada, hasta que me dedicó media sonrisa y apartó su mochila para que me pudiese sentar.
Yo me senté y saqué mi MP4, pero ella me interrumpió, como si me quisiese dar conversación, y volví a meter el MP4 en la mochila y escuché lo que me dijo:
-Perdona por no haberme presentado antes: Me llamo Emma.
-Llegué ayer -me limité a decir, luego añadí, porque pensaba que estaba siendo borde-. Soy Jake.
Ella asintió con una sonrisa y miró al frente. Al cabo de unos minutos me preguntó:
-¿Por qué estás solo? -¿era necesario responder a eso?
-No tengo por qué estar con alguien, pero digamos, que no soy muy sociable. -le dije, y ella asintió.
-Ojalá yo tampoco lo fuese.
Me llamó la atención eso. Nadie quería estar solo.
¿Cómo había gente que sí, a parte de yo? Nunca había conocido a nadie así.
-¿Y eso? -le pregunté interesado.
Ella me miró, y respondió, vagamente:
-Odio mi vida. -lo dijo con firmeza y tristeza al mismo tiempo, pero también había rabia en sus palabras. No se me escapaba ni una.
-¿Qué ha ocurrido? -le pregunté, frunciendo el ceño un poco.
Al principio ella se quedó callada, y cuando pensé que no me iba a responder, respondió:
-Soy una gilipollas demasiado ingenua que me creo lo que me dice la gente como si fuera verdad.
-No deberías opinar eso de ti. -le interrumpí.
-¿Qué quieres que te diga? Si soy gilipollas y no tengo remedio, el primer paso es asumirlo.
-No crea que seas una gilipollas. -le dije, no intentaba consolarla, directamente lo pensaba de verdad- He oído que la otra... mmm, ¿Geanina? Sí. Exacto, se llama así, ¿verdad? -Emma asintió- Pues he oído que te decía cosas.
Pareció alarmada de repente, porque se giró y me miró intensamente, sin apartar sus ojos castaños oscuros de los míos, grises oscuros.
-¿Qué oíste? -preguntó.
-Que intentaba decirte algo para que siguieses en algún lado. Es decir: No mucho, y no me enteré.
Ella suspiró, aliviada.
-Es una manipuladora. -murmuró luego, con los ojos cerrados.
-¿Por qué le haces caso? -parecía un interrogatorio, pero le sonreí, para suavizar la tensión.
-Es muy complicado de entender, Jake.
No dije nada. Miré al frente y me acomodé en el respaldo. Ella me miró intentando decirme: "Lo siento, pero si te lo contase me odiarías, no soy lo que tú crees" O, algo por el estilo.
Al cabo de unos minutos murmuró para si misma:
-He tomado la decisión final.
-¿Y es...?
-Voy a suicidarme.
Nunca pensé que alguien podría decir algo así delante de mi cara. Me puse pálido, y las manos me temblaron, menos mal que ella no se dio cuenta al tener los ojos cerrados.
-¿En serio piensas que el suicidio es la mejor opción para resolver las cosas? -musité, cerrando los ojos medio mareado.
-En mi caso sí.
"Sí" Había dicho, abrí los ojos y me puse de lado para poder verle la cara.
-Y yo que pensaba que la única inteligente eras tú.
Ella sonrió.
-Soy lo peor. -murmuró.
-Si te suicidas, sí lo eres, si no lo haces, no lo serás.
Ella no respondió, sabía que yo tenía razón, pero en su estado era mejor no insistir en el tema.
¿Quién sabía lo que iba a hacer?
No creí que se suicidara, era algo demasiado tétrico para ella, pero debía empezar a saber de soledad, porque por lo que vi, tan solo la pandilla de pijas eran sus amigas, pero, había hablado conmigo ¿no?
Por lo menos, ya me conocía.
Entonces el autobús aparcó en frente del instituto.

En las clases no estuve atento, y no se dieron cuenta, al fin y al cabo, siempre hacían lo que me pedían, así que si se habían dado cuenta de que estaba ausente, se habían esmerado por ocultarlo.
Y sinceramente no tenía ganas de nada. No paraba de pensar en el destrellatado plan de Emma.
Joder, teníamos quince años, casi dieciséis, pero, ¿quién coño va a suicidarse a los casi dieciséis años? ¡Es demasiado dramático!
Tampoco almorcé. No tenía hambre, y cómo no, mientras leía: Otra discusión.
Esta vez tuve que aguzar el oído, y solo pude oír poca cosa, pero por las miradas desafiantes que le dirigía Geanina a Emma, parecía que por fin Emma pasaba de la tonta del bote esa.

-Paso... rollo... -decían, intenté concentrarme más y lo conseguí- No quiero que pase de verdad... pero... hacer...
No podía escucharlo todo, Emma hablaba muy rápida y entrecortadamente. Geanina respondió:
-Si... entera... pagarás... vida.
Me alerté. Significaba aquello: ¿"Si se entera pagarás con tu vida"?
No crea. ¿O sí? ¿Era aquello una amenaza? Me empezaba a cansar de la situación. Pero... ¿qué iba a hacer? ¡No podía meterme en conversaciones ajenas!
Pero... por otra parte... la estaban amenazando...
Me levanté.
Una parte de mí estaba diciéndome que era lo correcto y otra parte, me decía que era un entrometido y un imbécil por meterme en cosas que no debía.
No sabía si acercarme o no, pero lo tuve claro cuando Geanina le dio un tortazo a Emma en la cara, y ella se puso la mano en la zona impactada, con una mueca de rabia e ira que encendió sus mejillas.
Cuando me acerqué, Emma gruñía algo por lo bajo, y Geanina y las demás se echaron a reír. Soltó:
-¿Crees que eres igual que nosotras? ¡Ja! ¡Y una mierda! No nos llegas ni a la zuela de los zapatos.
-Engreída... -murmuró Emma. Los ojos de Geanina relucieron impactados de ira y cuando volvió a levantarle la mano, antes de que le pegase, le cogí la muñeca con mi mano.
-¿Qué coño haces, niñato? -me espetó, dando un manotazo para soltarse.
-Vuélvele a pegar y seré yo quien te las devuelva. -amenacé.
Me salió sin pensarlo, pero no me arrepentí.
Retrocedieron, pero sus miradas estaban inyectadas de veneno. Era como si le dijesen a ella: Paciencia, por ahora estás a salvo, pero cuando menos te lo esperes, vas a tener una desagradable noticia.
Y a mí: No podrás protegerla siempre y lo sabes. No sabes nada, no te metas en lo que no te importa.
Y se fueron. Me quedé unos segundos ausente. En mi cabeza solo habían imágenes de ellas, amenazándola, advirtiéndola de algo, y amenazándome a mí. Me entró mucha impotencia de repente. Pero me la tragué.
-¿Te encuentras bien? -le pregunté a Emma-. ¿Vamos a la enfermería a que te miren eso? Creo que tienes un pequeño corte.
-Como quieras. -murmuró, aún con la mano en la mejilla. Cuando la bajó, vio que yo tenía razón, le caía un chorro fino de sangre.
-¿Cómo han podido arañarte de esa forma y hacerte sangre?
-Ni idea, supongo que por sus uñas. -respondió, luego se quedó en silencio. Me gustó que no hablara mucho. Parecía que fuese de aquellas chicas que con una mirada lo dicen todo.  
Llegamos a la enfermería del instituto y la enfermera le curó bien la pequeña herida.
No preguntó cómo se lo había hecho, o ni quién, así que, supuse que pasó de preguntar.
Al salir, tocó el timbre y ya no coincidimos hasta llegar al otro recreo. Ella estaba sola en un rincón, y yo me fui al otro rincón que quedaba libre. No iba a ir detrás de ella. Ya lo había hecho antes, pero esta vez tendría que enfrentarse ella sola.
Allí a penas había alguien. Hoy nadie, tan solo ella y yo. Emma y Jake.
Y entonces vi con horror, que Emma sacaba una cuchilla pequeña.
Entonces supe que no iba a pensárselo dos veces. Se la acercó y yo no pude permitirlo. Me levanté como si donde estuviese sentado hubiesen puesto una bomba y me acerqué a ella corriendo:
-¡Eh! ¡No! ¡NO! -pero ya fue demasiado tarde.

No hay comentarios:

Publicar un comentario