Pikachu

lunes, 25 de febrero de 2013

1r y 2o capítulo de una de mis historias xD

Hola, chic@s!, ¿qué tal os va? A mí bien, aunque es cierto que estoy cansadísima xD.
Bueno, hoy me conecto a las 23:07 sólo para poneros el primer y segundo capítulo de una historia que estoy empezando, así que os la dejo aquí y ya me contaréis -siempre os digo esto y nunca contáis xD-!
Aquí os lo dejo:



CAPÍTULO I:

Ese día era 22 de febrero de 2013.
Estaba sentada en mi salón, leyendo un libro, cuando empezó a llover. El viento azotaba las ventanas intentando entrar en la casa y las cerré.
Desde antes de que fuera admitida (por suavizarlo) en un internado a lo lejos de la ciudad, recondido en el bosque, sabía que alguien o algo me perseguía. Hacía unos días antes de ir hacia el internado, cuando estaba empaquetando algunas de mis cosas noté una presencia en el pasillo.
Sí, en el pasillo. Y no eran mis padres pues estaban trabajando y no tenía ni hermanos ni hermanas, en la casa tan solo estábamos yo y mi querido silencio.
No escuché pasos pero sí que sentí como unos ojos se clavaban en mi nuca y un escalofrío me recorrió por todo el cuerpo.
Justo cuando me giré para ver quién había ahí, el timbre llamó y di un salto.
<<Uff...>> pensé.
Fui andando hacia la puerta de entrada y vi a la Señora Harris con una sonrisa.
-Hola, Elis -me saludó, yo correspondí al saludo con una sonrisa-. Me he pasado por si estaban tus padres, les tengo que dar la batidora que me dejaron.
-Oh, claro, bueno ahora mis padres no están, están trabajando en la clínica, si quiere me deja la batidora y aviso de que ha venido usted.
-¡No sabes qué favor me haces, Elis! -me dio la batidora- Saludos y recuerdos de mi parte, hasta pronto.
-Que tenga un buen día, Señora Harris. -murmuré.
Entré en casa y dejé la batidora en la encimera de la cocina. Justo en ese momento volví a notar la presencia detrás de mí.
-¿Se puede saber quién eres? No has parado de molestar. -le espeté, sin girarme, porque sabía que si me daba la vuelta desaparecería.
Silencio. Luego un suspiro. Se me heló la sangre de las venas.
¿Quién cojones había ahí? Me intenté calmar, sin delatar mi nerviosismo y lo volví a intentar.
-Bueno, ¿me lo dices o pasas hasta el culo de mí? -intenté parecer molesta y enfadada, soltando ese taco que era tan poco habitual en mí.
El ser que se hallaba detrás de mí clavó la mirada en mi nuca, como si
pudiera ver mi expresión y notara que no estaba siendo yo misma, porque eso no era habitual en mí. Como si notara que estaba asustada. Como si no supiera quién era el ser. Y lo cierto era que no lo sabía.
Entonces oí como se acercaba paso a paso, con la respiración entrecortada. No me di la vuelta, no quería ver aquello.
-¿No me lo dices? -provoqué.
Pero aquel ser no dijo nada, se quedó detrás de mí, a tan pocos centímetros que noté su respiración y como de repente su mano buscaba la mía y cuando la agarró el tiempo se paró para mí.
Me giré muy lentamente, desaparecería, seguro y de hecho, cuando me giré completamente, solo había una pluma negra que se deslizaba de derecha a izquierda hasta caer al suelo.
Me agaché y la cogí.
Estaba caliente.
En ese momento el despertador sonó.

CAPÍTULO II:


Aquel sueño. Hacía ya dos semanas que se repetía, no de forma excesivamente igual, pero eso sí, el final sí lo era. Aquella pluma negra y aquel ser no se iban de mis sueños.
Y ya no de mis sueños, porque eso fue solo el principio, cuando mis padres se iban a trabajar a la clínica veterinaria en la otra esquina del pueblo y me dejaban a mí las tardes sola en mi casa, estudiando o lo que hiciera, empezó a venir esa presencia.
Primero era poco, como si me respetara, como si no quisiera que me sintiera acosada pero luego, a los días empezó a venir todas las tardes. Eso sí, nunca me llegaba a tocar y yo no veía jamás la pluma negra.
Cuando se lo conté a mis padres, de que había notado que alguien entraba a la casa, pensaron que me estaba volviendo loca, pero primero lo dejaron estar, hasta que hubo un accidente.
Todo eso en dos estúpidas semanas.
Me había quedado dormida en el salón leyendo uno de mis libros y me había dejado el fuego encendido, sin saberlo.
El fuego prendió las cortinas y la casa ardió, conmigo dentro.
Lo único que recuerdo fue que cuando me desperté por el olor a quemado lo miraba todo de forma borrosa y vi como una sombra se acercaba a mí, aquel ser tenía algo extraño detrás de él, pero muy junto..., me cogía entre sus brazos...
Y luego me recuerdo en una camilla de camino al hospital. Cuando llamaron a mis padres para decirles que estaba en el hospital, que la casa se había incendiado, que era prácticamente imposible que estuviera viva, que había sido un milagro, fue cuando mis padres dijeron que se acabó. Y me mandaron al internado ese en la quinta puñeta del bosque.
Analicemos... ¿Quién manda a su hija de dieciséis años a una esquina de un bosque donde alguien ha montado un internado para locos?
Pues mis padres, obviamente.
Fueron tan lógicos que pensaron que era una pirómana, que había intentado suicidarme quemando la casa... En fin, cosas horribles. Por supuesto, no dije que alguien me había salvado. Simplemente dije que no me acordaba absolutamente de nada.
Al principio mis padres alquilaron un apartamento y luego compraron una casa a los pocos días pues tenían mucho dinero por la clínica.
Y luego me llevaron al internado. Íbamos con el coche por un sendero en medio de la montaña. Era un día cálido para estar en febrero. No había nieve aunque por el norte se divisaban nubes que gritaban tormenta.
Al llegar, me esperaba el director con una sonrisa y mis padres se despidieron de mí. Mi madre me dio un beso y me susurró al oído:
-Te echaremos de menos, recuérdalo.
Acto seguido se marcharon. No sabía cuando les vería.
El director me miró con una sonrisa.
-Bienvenida, Elis. Sé que esto parece difícil. Vivir en un internado a lo lejos de la ciudad y todas esas cosas, pero de verdad, te encantará.
Asentí.
Me condujo hacia el interior de la escuela.
Era grande, de piedra aunque el interior era de madera, el suelo era un bonito parqué, y era enorme. Ya lo creo que era enorme. Habían unas escaleras que llevaban a la segunda planta que eran de diez metros de anchura para que la gente pasase sin ser empujada.
Cuando subimos, tuve la impresión de que aquella presencia entraba por la puerta y oí perfectamente como la puerta se cerraba con suavidad. Otro escalofrío.
El director me llevó hasta mi dormitorio y abrió la puerta con una llave que me dio.
-Normalmente las habitaciones tienen más personas, de dos o tres, pero tus padres me comentaron que te cuesta integrarte en los grupos así que por el momento, tienes una habitación para ti sola.
-Gracias, director. -susurré, pero él me escuchó.
Me dio un horario y me dejó intimidad para que me aseara y dejara las pertenencias que me había llevado. Me gustaba este internado porque no habían uniformes, así que me sentí cómoda y me había llevado en dos maletas ropa y libros.
Cuando entré, me sentí cansada, no me incorporaría hasta mañana en las clases y como era ya por la tarde (había llegado al internado a las cinco de la tarde) y era ya de noche así que decidí darme una ducha.
La cena era a las nueve de la noche.
Primero cerré con llave la puerta y me dije para mis adentros: <<¿Cómo vas a entrar ahora a espiarme?>>
Mientras el cuarto de baño se calentaba con la estufa que había
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encontrado en un rincón de la habitación, abrí la maleta de la ropa y extraje de ella un jersey negro y unos vaqueros azules y unas deportivas negras.
Entré en el baño y cerré la puerta. Me desnudé y abrí el grifo de la ducha. Cuando el agua se calentó, entré.
Agradecí saber que tenía en una pequeña estantería dentro de la ducha jabón y champú.
Me enjuagué y cuando salí de la ducha oí como una puerta se abría.
-¿Qué...? La he cerrado... -susurré.
Me tapé con una toalla y salí.
Tenía el pelo castaño y largo chorreando, pero no me importó.
Allí no había nadie, pero la puerta del balcón estaba abierta. ¿La había abierto aquella cosa?
Salí al balcón y miré la luna, estaba llena y hermosa y hacía frío, muchísimo frío así que volví a entrar a la habitación y cerré la puerta poniendo el pestillo.
Entonces fue cuando reparé en un papel que había en la cama y una rosa roja. Cogí el papel.
Estaba temblando.
Decía:

Corazón por sangre.


Una caligrafía increíble. Pero, ¿corazón por sangre? ¿Qué era aquello? ¿Y por qué había una rosa roja?
Abrí el cajón de la mesita y puse allí la nota y dejé la rosa roja encima de la mesita.
Me fui al baño a cambiarme y a secarme el pelo.
Mientras lo hacía, intenté que el miedo no viniera a mí. La calma era lo que me caracterizaba.
Cuando fueron las nueve menos cuarto, alguien tocó a la puerta con fuerza y repetidas veces.
La abrí y ante mí había una chica con el pelo negro hasta las rodillas y los ojos verdes.
Iba vestida con unos vaqueros azules rotos por casi todas partes y llevaba una camiseta de manga corta y negra de un grupo heavy.
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Me sonrió. Unos dientes perfectos y blancos.
-¡Holaaaaa! -me dijo.
-Hola. -murmuré desconcertada.
-Soy la que vive al lado de tu habitación. Me llamo Alex.
-Encantada, yo soy Elis.
Sonrió de nuevo y yo le correspondí con una sonrisa también.
-¿Vienes a cenar?
Asentí.
Fui con ella hasta un enorme comedor con aproximadamente -pensé yo- quinientos alumnos.
Ella me llevó hasta donde estaba la cena. Habían diferentes cenas. Pescado, carne, vegetales.
Cogí pescado y ella carne. Nos sentamos en una mesa donde habían dos personas más. Tenían el mismo aspecto que Alex.
-Chicos, os presento a Elis.
Tenía una voz dulce y suave. Uno de los chicos me miró. Tenía el pelo rubio y los ojos azules, cuando me miró parecía que me inspeccionara como si fuera un bicho raro.
-Soy Max. -dijo al cabo de unos minutos de inspección con una sonrisa. Parecía amable. El otro chico tenía el pelo casi blanco y los ojos negros. Sentí intimidación, pero él no me analizó, dijo, con una sonrisa y tendiéndome la mano en modo de saludo:
-Yo me llamo Irix.
¡Qué nombre tan raro! Fue lo que pensé pero me callé y sonreí. Cuando acabamos de cenar, en silencio, vino una chica con el pelo rojo como el fuego del mismísimo Infierno -nunca mejor dicho, porque era un demonio de tía, me había cogido manía- y se sentó al lado de Alex.
-¿Quién es esta? -preguntó, mirándome con sus ojos azules.
-Se llama Elis -respondió Alex, un poco de mal humor-. Elis -dijo mirándome a mí-, ella se llama Annabelle.
-No me llames así en tu vida -me soltó-. Prefiero Fire.
“Fire” Fuego. Anda que no cuadraba en su forma de ser ni nada.
-Elis -me llamó Max-. ¿Qué has hecho para entrar aquí? Sabes lo que es esto, ¿no?
-Un internado -deduje. Él asintió.
-Pero no es un internado cualquiera. Si estamos en el quinto pino es por algo -siguió explicándome-. Es para personas especiales por así decirlo. Por ejemplo, Alex se intentó tirar de un puente de veinte metros.
Y la trajeron aquí sus padres pensando que podría mejorar.
-¿Y si te pones a ti de ejemplo y me dejas tranquila? -espetó la aludida con una sonrisa sarcástica.
-Por supuesto -dijo-, pero no quiero traumarla tan pronto, así que mejor dejemos mi... accidente para otra ocasión -eso me dio miedo-. Bueno, ¿qué has hecho?
Me quedé unos minutos en silencio. ¿Qué había hecho? ¿Dejarme el fuego encendido y ver a medias como alguien me sacaba del incendio? ¿Ver día a día como alguien me perseguía, entraba en mi casa y se acercaba tanto a mí como para notar su respiración y que cuando me girara tan solo viera el vacío?
-Ser inocente. -fue lo único que supe decir, al cabo de cinco minutos.
Max, Alex, Fire e Irix rieron a carcajadas e incluso Max golpeó la mesa. De pronto me sentí ofendida, pero no lo mostré.
-Bueno, Elis, aquí cada cual es inocente. Todos lo pensamos, bueno casi todos -aún se aguantaba la risa de vez en cuando-. De todas formas si a lo que te refieres es que tus padres te metieron aquí por pura cortesía de pasar el resto de tu adolescencia, entonces tú eres la más rara de este internado. ¿Ves al tío ese de la mesa que está muy cerca del baño? -asentí. Estaba rapado y parecía tener como cinco piercings en la oreja y la cara-. Bien, pues ese casi se carga a su madre en una discusión.
Me horroricé.
-¿No debería estar en un reformatorio, pues?
-Padres ricos, muchachita -me respondió Irix quitándole la palabra a Max.
Entonces la campana sonó. La hora de dormir.
-Bueno chicos, que durmáis bien. -dijo Irix.
-Ciao -sonrió Alex.
Fire hizo un gesto con la mano como despedida y Max me sonrió. Yo les dije un “buenas noches” y me fui con Alex.
Mientras subíamos por las enormes gigantescas me fijé como todo el mundo se dirigía hacia sus respectivos dormitorios y me pregunté cuáles serían realmente peligrosos y cuál de ellos y ellas sería mi acosador.
Cuando llegamos al pasillo, Alex me dijo:
-Si algún día me necesitas, recuerda: 123. La de al lado. Es mi número de habitación, y gracias a Dios estoy sola.
-Anda, como yo. -solté. Ella me miró, amable.
-Que duermas bien.
-Igualmente.
Y saqué la llave para abrir mi cuarto. Entré y apagué la luz. Acto seguido me eché contra la cama y me dormí.


A la mañana siguiente, una campana sonó a las seis de la mañana y me levanté.
Me cambié, me puse unos pantalones negros y un jersey de cuello alto de color blanco y unas botas negras. Me arreglé la mochila: Biología, Lengua, Matemáticas, Ética...
Cuando hube acabado me colgué la mochila a un hombro y bajé para desayunar.
El comedor estaba completamente vacío y me acerqué a una de las cocineras.
-Oiga, ¿cómo es que no hay nadie?
-Tú eres la nueva, ¿no? -allí al parecer me conocían todos-. Corazón, el desayuno se ha servido hace media hora, ¿no lo has escuchado? -negué con la cabeza- Hacen levantar a los alumnos a las cinco de la mañana y las clases empiezan a las seis, así siempre acabáis a las doce y tenéis lo restante para estudiar.
-Oh, no lo sabía, nadie me había explicado eso...
-No te preocupes, ¿sabes dónde está la clase?
-Ehm, no...
-¿Qué tienes ahora?
-Latín.
-¡Por Dios! Latín de buena mañana, bueno te acompaño para que te sitúes, menos mal que la profesora de latín es maja, que sino te iba a caer una buena.
¡Una buena! Si era mi primer día.
Asentí con una sonrisa y ella me acompañó. Cruzamos dos pasillos y al fondo a la derecha ponía “Clase de Latín”
Miré la hora y vi que había pasado media hora ya desde que había empezado la clase.
A parte de haber cruzado esos pasillos habíamos tenido que subir hasta el cuarto piso de los cinco que eran.
Llamé a la puerta y entré. Unas veinticinco personas me miraron. Cincuenta ojos se quedaron con mi cara y me invadió un intenso calor que no mostré.
-Elis, ¿verdad? -me dijo la profesora casi riendo. ,¿Que le hacía tanta gracia?- ¿Cómo es que llegas tan tarde?
Entonces entró la cocinera.
-¡Hola, Amanda, ¿qué hay? Es que estaba conmigo, bueno, ya te cuento en la comida, ¿sí?
-Claro -cuando la cocinera se fue dándome un pellizco en la mejilla Amanda me miró y me hizo una señal para que pasara-. Por favor, no te quedes ahí, tu asiento es el que está al fondo de todo, al lado de Max.
Max me saludó desde el fondo del aula.
Mientras pasaba tranquilamente sin pisar las mochilas de los alumnos, me fijé en los rostros en los que serían mis compañeros. Las chicas, la mayoría, tenían pinta de ser majas, pero había algunas que si no recordaban a una víbora te recordaban al mismísimo diablo. Los chicos, bueno, parecían también amables, aunque hubo dos que me llamaron la atención.
En la derecha había un chico que parecía bastante alto, tenía los ojos azules y el cabello algo desenmarañado y castaño oscuro. Me escrutó con la mirada y abrió los ojos como si me hubiera confundido con alguien porque acto seguido bajó la mirada y luego miró a la profesora.
El otro, en la otra parte, a la izquierda, tenía los ojos grises y el pelo negro. Se limitó a mirarme con frialdad.
Entonces me senté con Max.
Casi todos estaban girados, mirándome, pero la profesora volvió a captar la atención de todos y siguieron con la clase.
Mi latín daba asco sinceramente, la mayoría de las veces me quedaba en blanco pese a que lo comprendía todo.
-Elis -me llamó la profesora. Otra vez hubo gente que me miró. Noté como el mal humor venía a mí.-, estábamos intentando traducir esta frase, así que para romper el hielo, por qué no lo intentas tú? -¡¡¡NOOO!!!
De nuevo una nube blanca se acercó a mi mente y lo paró todo. Vi que Max me pasaba una nota en la que ponía al traducción y la leí a trompicares.
-Muy bien, Elis, nerviosa ¿eh? Bah, tonterías, no te preocupes. Ya verás como te acostumbras enseguida.
-Supongo... -murmuré.
Cuando sonó la campana y me anoté lo que tenía que hacer, me colgué de nuevo la mochila al hombro y me fui con Max.
-Vaya, tienes el mismo horario que Irix y yo. Guay.
Entonces Irix se nos unió.
Cuando acabaron las clases me fui a mi cuarto a hacer deberes así tendría la tarde para curiosear el internado, vi que aquel chico que me había mirado con frialdad vivía al lado de mi cuarto y estaba abriendo la puerta. Me paré en el pasillo y él se giró y me miró de arriba a abajo como si quisiera analizarme.
Seguí adelante y abrí la puerta y la cerré.
Cerré con llave y dejé la mochila al lado del escritorio y me puse a hacer deberes.
Cuando acabé me tumbé en la cama y el recuerdo del incendio vino a mí. Me pregunté por qué mis padres habían hecho esto. ¿Acaso ya no confiaban en mí? Sin embargo, debía aprovecharlo.
La puerta sonó y la abrí, el cerrojo chirrió y cuando la puerta estuvo abierta la cara del director asomó por ella.
-Hola, Elis.
-Director.
-Sé que ayer no estuve mucho tiempo contigo, pero antes de que te vayas a comer deja que te explique algunas normas y como funciona el centro.
Le invité a pasar y él se sentó en la cama.
-Bien, lo primero son las horas, en tu horario no están, por favor panatelas.
Fui hasta el escritorio y saqué un bolígrafo negro del estuche y cogí una carpeta para que el horario no se rompiera.
-Vale, las clases empiezan a las seis de la mañana -se quitó sus gafas y me miró. Tenía los ojos azules-. Hoy Amanda me ha dicho que has llegado media hora tarde porque no sabías las horas, lo siento, debería de habértelo dicho. Bien, tu clase es 4o B, hay cuatro grupos, ya sabes hay bastante gente, aunque esta semana se irán yendo. La mayoría de la gente que has visto aquí son personas que han venido a pasar una semana con sus amigos para que no se sientan solos, es algo que siempre hacemos. Realmente el internado tiene tan sólo cien alumnos.
Me quedé alucinada. ¿Cien alumnos?
-¿Cuántos hay ahora?
-Trescientos.
Mi deducción de anoche había sido horrible, yo había imaginado que por lo menos quinientos.
Me pregunté si aquellos dos chicos de la clase se irían. ¿Y Max o Alex?
-Bueno, como te iba diciendo, las clases empiezan a las seis y acaban siempre a las doce. Es algo que supongo que te parecerá agotador pero te aseguro que en cuanto te acostumbres no habrá problema. Lo hacemos más que nada para que tengáis dos horas antes de la comida que se sirve a las dos y así no vayáis tan atropellado y las tardes las podéis tener libres para hacer deberes. La comida se sirve a las dos y la cena a las nueve. A las diez es la hora de acostarse.
>>Os tenéis que levantar a las cinco de la mañana y desayunar a las cinco y media, eso sí es un poco atropellado pero bueno. Em, ¿qué más? Ah, sí, el cuarto piso está prohibido. Son las habitaciones de los profesores, cocineras y cocineros y todo eso. No se puede salir fuera del recinto obviamente, solo si los profesores organizamos alguna excursión que solemos hacer como dos o tres por trimestre y en verano solemos ir todos los días a un lago que hay al sud. No dejamos a los alumnos solos porque cerca hay un río lo bastante profundo como para que algún alumno se ahogue y es peligroso. Puedes ir por el patio que es grande, no sé si lo habrás visto -negué con la cabeza-, bueno pues es enorme y tiene árboles para la gente que necesite respiración, como se suele decir. Las clases duran una hora y... sé que hay algo que se me olvida... ¡Ah! No entrar en puertas que no sean las aulas cuando te toque y bueno tu habitación. No organizar “fiestas” en las habitaciones y chicos y chicas no pueden estar en un mismo cuarto. Está prohibido y si se incumplen algunas de estas normas habrá una seria amonestación. No expulsamos a nadie pero podemos hacer que su vida aquí sea terrible. ¿Lo has entendido todo, Elis?
-Perfectamente.
-Entonces, que tengas un buen día.
-Igualmente.
Se marchó de mi habitación y cerró la puerta. Saqué las maletas de debajo de la cama y las abrí.
Fui colocando cada cosa en su sitio, por suerte el armario era grande ya que en las estanterías (solo habían tres) no me cabían todos los libros.
A la hora de comer bajé y me encontré con Alex por el camino.
-¿Qué tal tu primer día de clase?
-He llegado media hora tarde.
-Joder. Qué mal rollo. -me soltó, riéndose- ¿Algo interesante?
-Mmm, estoy en la misma clase que Max e Irix, me ha tocado al lado de Max, y no sé, las chicas la mayoría parecen majas.
-No lo creas. Aquí estamos todos locos. Recuérdalo. Bueno, ¿y los chicos?
-Uno me ha mirado como si me conociera aunque luego ha bajado la mirada, como, decepcionado, y otro me ha taladro.
-¡¡Tactactacatac!!! -rió ella.
-¿Y a ti?
-No sé. No hay nadie interesante en mi clase, todos dan asco. Las chicas que parecen majísimas en realidad son el diablo en persona, y bueno las que no parecen majas es mejor que no te acerques a ellas, bueno, es mejor que no te acerques a ninguna de esos dos grupos.
Llegamos al comedor y cogimos nuestra comida. Ensalada.
Nos sentamos en la mesa donde ya estaban los chicos y empezamos a comer.
-¿Y Fire? -pregunté.
-No suele venir a comer -respondió Max-. En realidad es raro que la veas por aquí, en el comedor me refiero. Por cierto, ¿cómo ha ido el día? ¿Hacemos algo por la tarde?
-Yo quería visitar el centro para ver como es, ya sabéis, el patio, los pasillos.
-¡La biblio es increíble! -dijo Irix.
-Si quieres te acompaño -se ofreció Max, como yo asentí dijo:- Iré a tu cuarto a las cinco.
-¿Sabes cuál es?
-El de al lado de Alex.
Miré el comedor.
Era grande y tenía siete lámparas. Cuando miré, descubrí a que chico que me taladró con la mirada en clase y pareció que me leyera la mente porque en cuanto le miré se giró y clavó su mirada gris en la mía. Sentí miedo y la bajé.
Cuando acabamos de comer fuimos Alex y yo en silencio hasta nuestros dormitorios y nos despedimos.
Entré y acabé de organizarlo todo. Se me hicieron las cuatro y media y en cuanto acabé de organizar entré en el baño, sin cerrar la puerta.
Dejé el cepillo de dientes y abrí un cajón que estaba abajo de todo, para guardar la ropa interior.
Noté como el pelo se me erizaba y sentí esa presencia, aunque esta vez era diferente.
Parecía una persona diferente.
No me inmuté, estaba detrás de mí lo sabía perfectamente y cuando cerré el armario me levanté rápidamente para poder verle.
Fue un instante.
Una sombra. Unos ojos grises.
Supe que era él. Un enfado me recorrió por dentro. ¿Por qué iba a entrar en mi habitación sin tan siquiera darme cuenta?
Abrí la puerta de mi habitación llevándome las llaves conmigo y golpeé la puerta de al lado.
Al principio nadie me abrió así que insistí.
Justo cuando daba por hecho de que no me iba a abrir, la puerta se abrió y unos ojos grises asomaron. Primero, al verme, fueron dulces y eso me asombró, pero enseguida cambiaron para mostrarse desafiantes.
-¿Qué quieres? -me espetó. Tenía una voz grave, como si hubiese llorado pero sus ojos estaban perfectamente secos.
-Lo mismo podría decirte yo a ti. ¿Qué estabas haciendo?
-¿Perdona? ¿Y a ti que te importa? -me soltó. Me estaba cabreando cada vez más. “Oh no me importa que entres en mi habitación, para nada” ¡Ja!
-¿Qué hacías en mi habitación?
Oímos pasos de alguien y él, me cogió por la manga del jersey y me arrastró a su habitación. Acto seguido cerró la puerta.
Caí en la cama de tan fuerte que había tirado de mí. La habitación era exactamente igual que la mía.
Me levanté y le aguanté la mirada. Tuve que levantar la barbilla porque era un palmo más alto que yo, debería medir 1'90 por lo menos.
-¿En tu habitación? ¿Estás loca?
-¿Me estás vacilando? Te acabo de ver en mi habitación mientras guardaba...
-Me la suda lo que estabas guardando -me espetó, con mala leche. Me pareció que un viento de depresión me azotaba por dentro-. Lárgate.
-¿Qué? ¡Has sido tú quien me ha tirado a tu habitación!
-¿A parte de loca estás sorda? Que te largues.
Conservé la tranquilidad.
-No te lo vuelvo a repetir. ¿Qué hacías en mi cuarto?
-Lo que yo decía -repitió-. ¿De verdad te crees que voy a entrar en tu cuarto por el balcón a verte?
-¿Quién ha dicho que hayas entrado por el balcón? -le espeté.
-Por donde sea. Me importa una mierda. ¿Te vas ya?
Puse los ojos en blanco y abrí la puerta pero vi a un profesor que no sabía quien era que giraba justo entonces y cerré la puerta.
-¿Qué haces? -me preguntó.
-Que te calles. -le respondí, sin hacerle caso.
Abrí la puerta del balcón y vi que los balcones estaban muy juntos, así que me apoyé en la barandilla y salté hacia mi balcón.
Él salió y me miró.
Acto seguido entré en mi habitación.
El balcón estaba abierto. Lo había pillado.

Bueno chicos/as, buenas noches, y que tengáis sueños con los angelitos y los demonios xD
¡Ciao!

1 comentario:

  1. como no sigas escribiendo noelia te juro que en el patio te mato!
    :) te quieeeeeeroooooooooo

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