Pikachu

martes, 26 de febrero de 2013

3r capítulo!


Tras ser amenazada de muerte gracias a mi amiga Ana, me veo obligada a escribir xD. Os dejo aquí el tercer capítulo:

CAPÍTULO III:

A las cinco Max llamó a la puerta de mi habitación, puntual. Estaba tan concentrada en mis pensamientos sobre la breve discusión que había tenido con aquel chico que al principio no lo oí.
Abrí la puerta y lo miré. Él sonrió. Me sacaba cuatro dedos.
-¿Haría el favor de acompañarme? -dijo tendiéndome un brazo, formalmente.
Yo me reí.
-Por supuesto, caballero.
Al cabo de unos minutos me dijo:
-Bueno, ¿qué quieres visitar primero? ¿El patio? ¿Las zonas prohibidas? ¿El sótano?
-Nada prohibido, no quiero que me amonesten.
-¡Qué fuerte! Peloteo puro y duro al director.
-¡Qué va!
-Bueno, entonces deja que te lleve a zonas donde nadie quiere entrar.
-En fin. -accedí.
Primero me llevó por los pasillos mostrándome lo grande y terriblemente aburrido que era el internado. Me enseñó dos aulas de música, que estaban insonorizadas y tenían baterías, guitarras eléctricas, bajos, violonchelos, contrabajos... Increíble, la verdad.
Me enseñó la biblioteca también. Irix tenía razón, era muy bonita. El techo era alto y hasta donde la pared chocaba con el techo estaba repleto de libros.
Habían escaleras y estantes por doquier, pero parecía que a Max no le gustaba nada aquel sitio así que nos quedamos poco.
Cuando salimos al patio era ya de noche a pesar de que eran las seis.
El patio la verdad era que era precioso. Había una pista de fútbol y otra de baloncesto y al lado parecía un trozo de bosque pues habían pocos bancos y mesas.
Era enorme.
-Realmente, está prohibido salir al patio a partir de las siete, así que nos queda una hora, pero como hoy soy yo el que manda, nos saltaremos esa pequeña norma.
-Acabaré en el despacho del director, ¿verdad? -pregunté.
-¡Qué va! Acabaremos los dos en el despacho del director. -rió.
-¡...! -fue todo cuanto supe hacer. Sabía que no lo decía en serio.
Cuando nos metimos en el bosque me costó localizarlo pues iba completamente vestido de negro. Solo conseguía verlo por su pelo rubio.
Cuando llegamos al muro que nos separaba del exterior, me sonrió con picardía.
-¿Te vienes a explorar lo inexplorado?
No.
-Va a ser que no. Es más deberíamos volver...
-Te tengo que enseñar el sótano y la única puerta que hay está a unos cien metros de aquí.
-Y tú quieres que vaya contigo, a solas, en la noche, por el bosque, ¿no?
-Exacto -se acercó mucho a mí, tanto que noté su respiración y sus labios estaban a dos centímetros de los míos-,pero, si tienes miedo, lo comprendo.
-Está prohibido, pero no tengo miedo.
-Ven. -sonrió.
-Este fin de semana. Y por la mañana.
-Miedica -me picó.
-¿Qué dices? ¿Quieres por la noche? Adelante.
Me di la vuelta y fui de nuevo al instituto. Vi en el reloj que se nos habían hecho las ocho y media. Sin embargo él sí había saltado el muro y se había ido.
Yo no tenía miedo, aunque era cierto que quedarme a solas con él, por la noche en medio de ninguna parte no me hacía mucha ilusión, y no debería haber acertado, pero en ese momento un calor repentino me invadió y no pude más que aceptar.


En la cena estuvimos todos menos Max, pero nadie preguntó donde había ido y cuando acabamos me fui con Alex, y le pregunté si podía hablar con ella.
Me llevó a su cuarto y nos sentamos en la cama.
A diferencia de mi cuarto, el suyo estaba lleno de posters tanto de música clásica como heavy, gótica...
-Álex...
-Mmm, es Alex, es difícil lo sé, Álex es nombre de chico, pronuncia lo mismo pero como si le pusieras una tilde a la “e”. Aléx.
Qué vergüenza. Nunca había pronunciado su nombre y no sabía como se decía.
-Perdón, Alex, quería comentarte sobre Max... -me paré y pensé lo que iba a decir- Antes me ha llevado a ver como era el internado, pero, quería que fuéramos al sótano... y este está fuera del centro, y bueno le he dicho que no pero me ha picado y al final he accedido a ir...
Al escuchar esto último, Alex se puso más blanca de lo que era y negó con la cabeza. Su pelo estilo Hatsune Miku pero en versión negro y sin coletas se movió con delicadeza.
-No vayas.
-¿Qué hay de malo?
-No insistas, Elis -me dijo, como si no fuera a soltar prenda-. Si no quieres que te ocurra algo malo, no vayas.
-¿Max es peligroso?
-No exactamente. Aquí siempre es bueno y en fin, creo que le has caído bien y eso, pero no vayas, a no ser que sea de día y haya alguien más con vosotros.
-Pero, ¿por qué?
-Él... no es siempre lo que parece. Por favor, Elis. No quiero que te pase nada...
-Está bien, ya me inventaré algo...
-Gracias, es... no te lo puedo explicar...
-No hace falta, tranquila -sabía esperar-, bueno, me voy ya, buenas noches.
-Buenas noches. -me contestó.
Salí de su habitación y me dirigí a la mía, pensando en aquello. “Él no es lo que parece”. ¿Y qué era?
Además, ¿por qué me tenían que pasar a mí todas estas cosas? ¿Acaso no había tenido ya suficiente con el chico de los ojos grises, llegar tarde, y que todo el mundo se me quedase mirando por ser nueva? ¿Acaso no había tenido suficiente con que mis padres me llevaran allí porque pensaban que estaba loca?
Encendí la luz y cerré el balcón que me había dejado abierto, pero antes salí para ver el cielo. Lleno de estrellas. Al lado de mi habitación (la del chico de los ojos grises), estaba apagada y las cortinas echadas. Suspiré y me giré para volver a entrar en la habitación.
Cerré también la puerta de mi cuarto y me caí cuando resbalé con un papel. Lo cogí, me levanté del suelo y lo giré. Ponía:

Perdón

¿Perdón? ¿Quién me pedía perdón? ¿El chico de los ojos grises por haberme tratado tan mal? ¿Max, por haberse ido?
Abrí el cajón de la mesilla y cogí la otra nota. Comparé la caligrafía. Era igual. Así que si aquel chico me pedía perdón ahora, pero sin embargo había escrito aquello de “corazón por sangre” que no tenía ni idea a qué se debía... Y, ¿quién más podía haber escrito todas aquellas notas?
Me acosté en la cama boca arriba y me quedé dormida pensando en todo lo que me había pasado a lo largo del día.


¡Y por fin, viernes tarde!
Las clases fueron aburridas y cuando tocó la sirena y me fui a mi cuarto con el propósito de acabar los deberes la presencia estaba de nuevo detrás de mí.
Como no había nadie en el pasillo, me atreví a decirle:
-Has tardado en venir. Pensaba que te habían sustituido.
Como respuesta oí como ese ser daba un puñetazo a la pared. ¿Le había dolido aquello?
-¿Sabes? No sé quién eres pero me gustaría saber lo que quieres. Me acosas. Te metes en mis sueños, das puñetazos a las paredes cuando te enfadas por mis comentarios y suspiras cuando te digo que quiero verte. Aclárate.
Entonces abrí la puerta de mi cuarto y la cerré. Al minuto oí como la puerta de al lado se abría, pero no sabía si era que acababa de llegar o que ya salía.
No había visto al chico de los ojos grises desde la discusión y en cierto modo lo agradecía. A veces me daba miedo y otras veces podía aguantarle la mirada.
Cuando acabé y fui bajando porque casi era la hora de comer, me choqué con un chico, aquel que el primer día me había mirado como si fuera otra persona y luego me había ignorado.
-Perdona... -me disculpé yo.
Él me miró y se dio cuenta de que yo era su compañera de clase.
-No-no es nada. ¡Hasta luego! -y se fue.
<<Qué chico tan raro>> pensé.
-Fui hacia el comedor y vi a la cocinera que el primer día me ayudó a llegar hasta clase de Latín, se llamaba Susan.
-Hola, Susan -la saludé, ella me sonrió. Era muy amable conmigo-, ¿qué tal te va?
-¡Fatal! -gritó ella, que entraba dentro de la cocina-, estoy de trabajo hasta la coronilla, exámenes con los más pequeños, ¿te lo he dicho? También soy profesora de matemáticas. Y encima tengo que alimentar a doscientos y pico alumnos, menos mal que se están yendo ya. Uf, qué pelmazos ahí diciendo: “Susaaaaaan, trae el salero” “Susaaaaan, las ecuaciones me van mal” “SUSAAAAAAAAAAAN” Y ¿sabes que es lo que pasa? -negué con la cabeza, Susan empezaba a darme miedo- ¡Que Susan no está!
Y sacó unas bandejas que dejó en la encimera con mala leche.
-Tranquilízate, los pocos que quedan por irse estarán máximo domingo por la tarde...
-¡Y qué ganas! -rió.
Yo sonreí y al minuto tocó el timbre y me puse un bocadillo de jamón serrano. Los esperé y cuando vinieron -menos Fire-, empezamos a comer.
Entonces les pregunté yo a ellos:
-¿Qué hicisteis vosotros para estar aquí?
-Ya lo sabes, intenté tirarme de un puente de veinte metros de altura. Mis padres llegaron a tiempo. -respondió Alex.
-¡Ah! Tengo una idea.
La idea me había venido a la cabeza como un cohete. Y aunucié, susurrando para que me escuchara gente no deseada:
-De acuerdo con Max, ¿por qué no vamos el sábado por la noche al sótano del centro? ¡Así será más emocionante y contaremos nuestras historias!
Max torció el gesto. Sabía que él quería que fuera con él y no con más gente, pero la advertencia de Alex había dado como un mazo en mi frente. Los demás murmuraron sobre si aceptar o no mientras Max volvía a aparentar que le encantaba la idea. Como Irix cabeceó, indeciso, Alex, en busca de ayuda dijo:
-¡Irix! ¡Será divertido!
-Ya pero...
-Pero nada. Ts. Por fa... please.
-Vale, vale. -accedió ante el lloriqueo de Alex.
-Mañana a las doce en la parte del muro donde está el bosque. Traed
linternas chicos, expedición. -nos dijo Max. Se levantó y se fue.
-No vayas luego a hablar con él. -me susurró Alex.
-¿Por?
-Está cabreado.
Pero no le hice caso. Se había levantado de malas formas. Cuando sonó el timbre llevé las dos bandejas a lavar y le pregunté a Irix el número de su cuarto. Él me lo dijo y me fui corriendo hacia su habitación tropezando con las escaleras.
Toqué a la puerta, pero no respondió nadie, por lo que pensé que no estaba.
Un trueno me alertó de que había tormenta. En toda la tarde había pasado por alto si llovía o no, pero salí del centro, con la esperanza de que no me pillaran.
Vi a lo lejos una figura que entraba en el bosque y fui detrás de él con toda la fuerza de mi alma.
-¡Espera, por favor! ¡Maaax! -le grité, pero él no pareció escucharme.
Cuando entré en el bosque, todo estaba muy oscuro. Estaba empapada y el frío y la humedad me calaba los huesos pero no me detuve y seguí.
Lo encontré justo cuando iba a saltar el muro. Lo cogí del tobillo y él bajo. Me miró con frialdad.
-Max.
Él se acercó a mí como la otra vez e incluso un poco más.
-No sabes nada.
-Espera. ¿Por qué...?
-No sabes nada. -repitió. Esta vez lo dijo con la voz entrecortada, como si estuviera a punto de llorar pero no lo noté con claridad pues estaba lloviendo y los dos estábamos empapados.
Cuando intentó volver a saltar el muro yo lo cogí por el brazo y él se cayó al suelo, haciéndose un pequeño rasguño.
-Déjame verlo...
-No. -gruñó, enfadado.
-Por favor.
Le cogí el brazo a la fuerza y vi que no era nada. Se lo solté y él se levantó y saltó el muro.
Yo me quedé mirándolo sin verlo y al cabo de unos instantes que no recuerdo cuanto fueron -segundos, minutos e incluso horas- volví a la realidad y fui dentro.
Nadie me vio y entré en mi cuarto cerrándolo con llave. Eché las cortinas y me desnudé.
Me metí en la cama y apagué la luz, para los cinco minutos dormirme.
Esa noche soñé con Max.




























1 comentario:

  1. me encanta... jejeje.... :3
    y no era una amenaza jajaja era simplemente una advertencia ;)
    Me has dejado intrigada Noe, ¿¿qué va a pasar??

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