Tras ser amenazada de muerte gracias a mi amiga Ana, me veo obligada a escribir xD. Os dejo aquí el tercer capítulo:
CAPÍTULO
III:
A
las cinco Max llamó a la puerta de mi habitación, puntual. Estaba
tan concentrada en mis pensamientos sobre la breve discusión que
había tenido con aquel chico que al principio no lo oí.
Abrí
la puerta y lo miré. Él sonrió. Me sacaba cuatro dedos.
-¿Haría
el favor de acompañarme? -dijo tendiéndome un brazo, formalmente.
Yo
me reí.
-Por
supuesto, caballero.
Al
cabo de unos minutos me dijo:
-Bueno,
¿qué quieres visitar primero? ¿El patio? ¿Las zonas prohibidas?
¿El sótano?
-Nada
prohibido, no quiero que me amonesten.
-¡Qué
fuerte! Peloteo puro y duro al director.
-¡Qué
va!
-Bueno,
entonces deja que te lleve a zonas donde nadie quiere entrar.
-En
fin. -accedí.
Primero
me llevó por los pasillos mostrándome lo grande y terriblemente
aburrido que era el internado. Me enseñó dos aulas de música, que
estaban insonorizadas y tenían baterías, guitarras eléctricas,
bajos, violonchelos, contrabajos... Increíble, la verdad.
Me
enseñó la biblioteca también. Irix tenía razón, era muy bonita.
El techo era alto y hasta donde la pared chocaba con el techo estaba
repleto de libros.
Habían
escaleras y estantes por doquier, pero parecía que a Max no le
gustaba nada aquel sitio así que nos quedamos poco.
Cuando
salimos al patio era ya de noche a pesar de que eran las seis.
El
patio la verdad era que era precioso. Había una pista de fútbol y
otra de baloncesto y al lado parecía un trozo de bosque pues habían
pocos bancos y mesas.
Era
enorme.
-Realmente,
está prohibido salir al patio a partir de las siete, así que nos
queda una hora, pero como hoy soy yo el que manda, nos saltaremos esa
pequeña norma.
-Acabaré
en el despacho del director, ¿verdad? -pregunté.
-¡Qué
va! Acabaremos los dos en el despacho del director. -rió.
-¡...!
-fue todo cuanto supe hacer. Sabía que no lo decía en serio.
Cuando
nos metimos en el bosque me costó localizarlo pues iba completamente
vestido de negro. Solo conseguía verlo por su pelo rubio.
Cuando
llegamos al muro que nos separaba del exterior, me sonrió con
picardía.
-¿Te
vienes a explorar lo inexplorado?
No.
-Va
a ser que no. Es más deberíamos volver...
-Te
tengo que enseñar el sótano y la única puerta que hay está a unos
cien metros de aquí.
-Y
tú quieres que vaya contigo, a solas, en la noche, por el bosque,
¿no?
-Exacto
-se acercó mucho a mí, tanto que noté su respiración y sus labios
estaban a dos centímetros de los míos-,pero, si tienes miedo, lo
comprendo.
-Está
prohibido, pero no tengo miedo.
-Ven.
-sonrió.
-Este
fin de semana. Y por la mañana.
-Miedica
-me picó.
-¿Qué
dices? ¿Quieres por la noche? Adelante.
Me
di la vuelta y fui de nuevo al instituto. Vi en el reloj que se nos
habían hecho las ocho y media. Sin embargo él sí había saltado el
muro y se había ido.
Yo
no tenía miedo, aunque era cierto que quedarme a solas con él, por
la noche en medio de ninguna parte no me hacía mucha ilusión, y no
debería haber acertado, pero en ese momento un calor repentino me
invadió y no pude más que aceptar.
En
la cena estuvimos todos menos Max, pero nadie preguntó donde había
ido y cuando acabamos me fui con Alex, y le pregunté si podía
hablar con ella.
Me
llevó a su cuarto y nos sentamos en la cama.
A
diferencia de mi cuarto, el suyo estaba lleno de posters tanto de
música clásica como heavy, gótica...
-Álex...
-Mmm,
es Alex, es difícil lo sé, Álex es nombre de chico, pronuncia lo
mismo pero como si le pusieras una tilde a la “e”. Aléx.
Qué
vergüenza. Nunca había pronunciado su nombre y no sabía como se
decía.
-Perdón,
Alex, quería comentarte sobre Max... -me paré y pensé lo que iba
a decir- Antes me ha llevado a ver como era el internado, pero,
quería que fuéramos al sótano... y este está fuera del centro, y
bueno le he dicho que no pero me ha picado y al final he accedido a
ir...
Al
escuchar esto último, Alex se puso más blanca de lo que era y negó
con la cabeza. Su pelo estilo Hatsune Miku pero en versión negro y
sin coletas se movió con delicadeza.
-No
vayas.
-¿Qué
hay de malo?
-No
insistas, Elis -me dijo, como si no fuera a soltar prenda-. Si no
quieres que te ocurra algo malo, no vayas.
-¿Max
es peligroso?
-No
exactamente. Aquí siempre es bueno y en fin, creo que le has caído
bien y eso, pero no vayas, a no ser que sea de día y haya alguien
más con vosotros.
-Pero,
¿por qué?
-Él...
no es siempre lo que parece. Por favor, Elis. No quiero que te pase
nada...
-Está
bien, ya me inventaré algo...
-Gracias,
es... no te lo puedo explicar...
-No
hace falta, tranquila -sabía esperar-, bueno, me voy ya, buenas
noches.
-Buenas
noches. -me contestó.
Salí
de su habitación y me dirigí a la mía, pensando en aquello. “Él
no es lo que parece”. ¿Y qué era?
Además,
¿por qué me tenían que pasar a mí todas estas cosas? ¿Acaso no
había tenido ya suficiente con el chico de los ojos grises, llegar
tarde, y que todo el mundo se me quedase mirando por ser nueva?
¿Acaso no había tenido suficiente con que mis padres me llevaran
allí porque pensaban que estaba loca?
Encendí
la luz y cerré el balcón que me había dejado abierto, pero antes
salí para ver el cielo. Lleno de estrellas. Al lado de mi habitación
(la del chico de los ojos grises), estaba apagada y las cortinas
echadas. Suspiré y me giré para volver a entrar en la habitación.
Cerré
también la puerta de mi cuarto y me caí cuando resbalé con un
papel. Lo cogí, me levanté del suelo y lo giré. Ponía:
Perdón
¿Perdón?
¿Quién me pedía perdón? ¿El chico de los ojos grises por haberme
tratado tan mal? ¿Max, por haberse ido?
Abrí
el cajón de la mesilla y cogí la otra nota. Comparé la
caligrafía. Era igual. Así que si aquel chico me pedía perdón
ahora, pero sin embargo había escrito aquello de “corazón por
sangre” que no tenía ni idea a qué se debía... Y, ¿quién más
podía haber escrito todas aquellas notas?
Me
acosté en la cama boca arriba y me quedé dormida pensando en todo
lo que me había pasado a lo largo del día.
¡Y
por fin, viernes tarde!
Las
clases fueron aburridas y cuando tocó la sirena y me fui a mi cuarto
con el propósito de acabar los deberes la presencia estaba de nuevo
detrás de mí.
Como
no había nadie en el pasillo, me atreví a decirle:
-Has
tardado en venir. Pensaba que te habían sustituido.
Como
respuesta oí como ese ser daba un puñetazo a la pared. ¿Le había
dolido aquello?
-¿Sabes?
No sé quién eres pero me gustaría saber lo que quieres. Me acosas.
Te metes en mis sueños, das puñetazos a las paredes cuando te
enfadas por mis comentarios y suspiras cuando te digo que quiero
verte. Aclárate.
Entonces
abrí la puerta de mi cuarto y la cerré. Al minuto oí como la
puerta de al lado se abría, pero no sabía si era que acababa de
llegar o que ya salía.
No
había visto al chico de los ojos grises desde la discusión y en
cierto modo lo agradecía. A veces me daba miedo y otras veces podía
aguantarle la mirada.
Cuando
acabé y fui bajando porque casi era la hora de comer, me choqué con
un chico, aquel que el primer día me había mirado como si fuera
otra persona y luego me había ignorado.
-Perdona...
-me disculpé yo.
Él
me miró y se dio cuenta de que yo era su compañera de clase.
-No-no
es nada. ¡Hasta luego! -y se fue.
<<Qué
chico tan raro>> pensé.
-Fui
hacia el comedor y vi a la cocinera que el primer día me ayudó a
llegar hasta clase de Latín, se llamaba Susan.
-Hola,
Susan -la saludé, ella me sonrió. Era muy amable conmigo-, ¿qué
tal te va?
-¡Fatal!
-gritó ella, que entraba dentro de la cocina-, estoy de trabajo
hasta la coronilla, exámenes con los más pequeños, ¿te lo he
dicho? También soy profesora de matemáticas. Y encima tengo que
alimentar a doscientos y pico alumnos, menos mal que se están yendo
ya. Uf, qué pelmazos ahí diciendo: “Susaaaaaan, trae el salero”
“Susaaaaan, las ecuaciones me van mal” “SUSAAAAAAAAAAAN” Y
¿sabes que es lo que pasa? -negué con la cabeza, Susan empezaba a
darme miedo- ¡Que Susan no está!
Y
sacó unas bandejas que dejó en la encimera con mala leche.
-Tranquilízate,
los pocos que quedan por irse estarán máximo domingo por la
tarde...
-¡Y
qué ganas! -rió.
Yo
sonreí y al minuto tocó el timbre y me puse un bocadillo de jamón
serrano. Los esperé y cuando vinieron -menos Fire-, empezamos a
comer.
Entonces
les pregunté yo a ellos:
-¿Qué
hicisteis vosotros para estar aquí?
-Ya
lo sabes, intenté tirarme de un puente de veinte metros de altura.
Mis padres llegaron a tiempo. -respondió Alex.
-¡Ah!
Tengo una idea.
La
idea me había venido a la cabeza como un cohete. Y aunucié,
susurrando para que me escuchara gente no deseada:
-De
acuerdo con Max, ¿por qué no vamos el sábado por la noche al
sótano del centro? ¡Así será más emocionante y contaremos
nuestras historias!
Max
torció el gesto. Sabía que él quería que fuera con él y no con
más gente, pero la advertencia de Alex había dado como un mazo en
mi frente. Los demás murmuraron sobre si aceptar o no mientras Max
volvía a aparentar que le encantaba la idea. Como Irix cabeceó,
indeciso, Alex, en busca de ayuda dijo:
-¡Irix!
¡Será divertido!
-Ya
pero...
-Pero
nada. Ts. Por fa... please.
-Vale,
vale. -accedió ante el lloriqueo de Alex.
-Mañana
a las doce en la parte del muro donde está el bosque. Traed
linternas
chicos, expedición. -nos dijo Max. Se levantó y se fue.
-No
vayas luego a hablar con él. -me susurró Alex.
-¿Por?
-Está
cabreado.
Pero
no le hice caso. Se había levantado de malas formas. Cuando sonó el
timbre llevé las dos bandejas a lavar y le pregunté a Irix el
número de su cuarto. Él me lo dijo y me fui corriendo hacia su
habitación tropezando con las escaleras.
Toqué
a la puerta, pero no respondió nadie, por lo que pensé que no
estaba.
Un
trueno me alertó de que había tormenta. En toda la tarde había
pasado por alto si llovía o no, pero salí del centro, con la
esperanza de que no me pillaran.
Vi
a lo lejos una figura que entraba en el bosque y fui detrás de él
con toda la fuerza de mi alma.
-¡Espera,
por favor! ¡Maaax! -le grité, pero él no pareció escucharme.
Cuando
entré en el bosque, todo estaba muy oscuro. Estaba empapada y el
frío y la humedad me calaba los huesos pero no me detuve y seguí.
Lo
encontré justo cuando iba a saltar el muro. Lo cogí del tobillo y
él bajo. Me miró con frialdad.
-Max.
Él
se acercó a mí como la otra vez e incluso un poco más.
-No
sabes nada.
-Espera.
¿Por qué...?
-No
sabes nada. -repitió. Esta vez lo dijo con la voz entrecortada,
como si estuviera a punto de llorar pero no lo noté con claridad
pues estaba lloviendo y los dos estábamos empapados.
Cuando
intentó volver a saltar el muro yo lo cogí por el brazo y él se
cayó al suelo, haciéndose un pequeño rasguño.
-Déjame
verlo...
-No.
-gruñó, enfadado.
-Por
favor.
Le
cogí el brazo a la fuerza y vi que no era nada. Se lo solté y él
se levantó y saltó el muro.
Yo
me quedé mirándolo sin verlo y al cabo de unos instantes que no
recuerdo cuanto fueron -segundos, minutos e incluso horas- volví a
la realidad y fui dentro.
Nadie
me vio y entré en mi cuarto cerrándolo con llave. Eché las
cortinas y me desnudé.
Me metí en la cama y apagué la luz, para
los cinco minutos dormirme.
Esa
noche soñé con Max.
me encanta... jejeje.... :3
ResponderEliminary no era una amenaza jajaja era simplemente una advertencia ;)
Me has dejado intrigada Noe, ¿¿qué va a pasar??