Pikachu

viernes, 8 de marzo de 2013

V capítulo :33


CAPÍTULO V:

Cuando desperté por el resplandor que entraba por la ventana, me di cuenta de que me encontraba en mi cuarto y todos los recuerdos de anoche me golpearon como una maza en la cabeza.
Max, el ser que me perseguía, la caída al río, como el chico de los ojos grises me rescataba de allí y me daba oxígeno antes de perder el conocimiento, las voces, el estruendo y el rayo de luz que había visto.
Cerré los ojos y los volví a abrir. Me llevé una mano a la cabeza porque me dolía y me giré.
Unos ojos grises me devolvieron la mirada y me entraron ganas de gritar pero tuve que reprimirlo.
Se incorporó y observé que no estaba tapado y que había dormido a la intemperie.
-Hola -me saludó, acto seguido dijo:-. ¿Quieres que me vaya?
¿Por qué decía eso? Si él desde un principio hubiera sido amable conmigo yo no tendría problemas con él, pero lo cierto era que quería que se quedase. Necesitaba respuestas.
-No... -carraspeé-. ¿Me puedes explicar qué ocurrió anoche?
A pesar de que lo sabía quería oírlo de sus palabras.
Él me miró, y luego volvió a tumbarse a mi lado, me explicó:
-Estabas buscando a tu amigo, pero caíste al río y casi te ahogas. Llegué a tiempo y te llevé a la orilla para darte oxígeno... luego te llevé donde estaban tus amigos y luego a tu cuarto. Como tenías muchas pesadillas, me he quedado.
No me estaba diciendo del todo la verdad y yo sabía perfectamente que el destello y aquel trueno habían sido reales y por lo tanto aquellas conservaciones también.
-Gracias por salvarme la vida -agradecí-, pero, ¿qué estabas haciendo tú en el bosque?
Aquella pregunta lo cogió desprevenido y tardó varios minutos en responder.
-No lo sé. -dijo solamente, con la mirada perdida unos segundos.
Luego se levantó y entró en el baño. Yo me di la vuelta y me acomodé en la cama. Me puse una mano en la frente y esta estaba muy caliente. Estupendo: fiebre.
Cuando él salió pregunté en un susurro, como si tuviera miedo de la respuesta que fuera a darme:
-¿Los chicos encontraron a Max?
-No sé por qué lo dices con tanto miedo, Elis, no le ha pasado nada, de hecho, está mejor que tú -y por primera vez sonrió y esa sonrisa me alegró el día. Me encantó-. Cuando tú te desmayaste y te llevé donde estaban Alex y los demás y te vieron, se quedaron horrorizados. Max apareció allí mismo y cuando te vio se enfadó.
-¿Por qué? -le pregunté, sus ojos grises me miraron.
-Se sintió culpable, Elis -suspiró y entonces supe que aquel chico no era la presencia, no era el mismo tono de voz. Luego, añadió:-. Lo cierto es que estuvo a punto de marcharse, pero Alex le reprendió y bueno, al final se quedó. Dijo que vendría a verte.
Acto seguido se crujió los dedos.
Yo volví a cerrar los ojos.
-¿Qué fue aquel estruendo? Lo escuché antes de quedarme inconsciente. -pregunté de nuevo sin abrir los ojos.
Cuando su voz habló, estaba muy cerca de mí.
-Haces muchas preguntas.
-Hay muy pocas respuestas. -respondí, en su mismo tono de voz.
-¿Acaso tus padres no te han dicho nunca que una niña buena no hace tantas preguntas?
-¿Acaso sabes tú algo de mi vida? -le solté, me había sentado mal aquello, pero enseguida me arrepentí de lo que había dicho, porque supuse que no lo había hecho con mala intención, pero él se rió, con sarcasmo. ¿Acaso él sabía algo más?
-Bueno, siempre hay tiempo, pero si me disculpas, yo me voy a desayunar.
-Claro.
Él se giró y cuando iba a abrir la puerta volvió tras sus pasos y me tocó con la mano en la frente. Su mano estaba caliente.
-No bajes. La fiebre no te ha bajado, luego te traeré un paño helado.
-Gracias -murmuré al mismo tiempo en que él salió de la habitación y yo me quedé mirando el techo.
A los pocos minutos volví a dormirme.
Me desperté varias veces y di cabezadas, como si estuviera drogada sin estarlo.
Me encontraba mareada, la fiebre ascendía, supuse yo.
Las veces que vi a alguien fueron a Alex y al chico de los ojos grises poniéndome paños y de vez en cuando intentando llamar la atención
para que me despejara sin éxito.
Luego al director y después, a la tarde, me pareció ver a Max, sentado a mi lado con mi mano cogida a la suya y murmurando algo que no llegué a oír.
Una noche tuve una pesadilla que me alteró el corazón hasta que pareció que iba a explotar.
No recuerdo del todo lo que sucedió, tan solo caer alguna parte, pero, ¿adónde?
Se ve que grité, porque cuando me desperté alterada, con el corazón a cien, el chico de los ojos grises ya estaba ahí.
-¿Qu-qué haces aquí? -le pregunté.
-Gritabas. He venido a ver qué pasaba, llevas ya tres días durmiendo y todas las noches tienes pesadillas.
-Lo siento... -intenté completar la frase, pero no pude, el sueño me venció.
Sin embargo, al día siguiente, empecé a encontrarme mejor, pero no fui a clase porque todavía estaba mareada.
Salí al balcón para ver qué tiempo hacía y me di cuenta, de que el paisaje estaba completamente nevado.
Después de entrar helada por el ambiente preparé la ducha y me duché. Después de estos días, el agua caliente me hizo pensar que estaba a salvo.
Cuando acabé de ducharme y ya me estaba acabando de secar el pelo oí como la puerta de mi habitación se abría con un chirrido y el vello de mi nuca se erizó produciéndome un escalofrío que me recorrió toda la espalda.
Cuando acabé de secarme el pelo salí del cuarto de baño y vi a Max sentado sobre mi cara con las manos tapándole la cara como si estuviera muy cansado.
-Hola, Max -le saludé. Aunque no me había hecho gracia que de repente la gente entrara en mi cuarto por el balcón o por la puerta sin pedirme permiso me lo aguanté, ahora no era momento de discusiones.
Él dio un leve respingo y me miró, tenía ojeras.
-Hola, Elis, ¿cómo estás?
-Hoy me encuentro bastante bien, aunque cansada.
-Lo siento, de verdad, todas estas cosas pasan cuando alguien se me acerca.
¿Cuándo alguien se le acercaba? ¿Qué me quería decir con eso?
Sacudí la cabeza y le dije:
-No, nada de eso, lo que pasa es que soy muy despistada y no me di cuenta de que el río estaba bajo mis pies.
Él palideció, mortalmente. ¿No se refería a aquella noche?
-No lo repitas, por favor. Yo, yo no debería de haberme enfadado ni ido, ¡imagínate que él no llega a estar ahí para salvarte! Hubieras muerto, y te aseguro que no me lo hubiera perdonado.
<<Qué profundo>>, pensé, conmovida. Mis mejillas empezaron a arder.
-Bueno lo importante es que ya todo eso ya ha pasado...
-¡No! -exclamó él- Nada ha acabado. Luego casi coges una pulmonía, uno de los días vino el médico porque el director y todos estábamos asustados y dijo que... dijo que estabas grave. ¡Por favor! Te caíste sobre diez metros de altura.
-¿Cómo sabes tú eso? -pregunté, fruncí el ceño.
-Alex me lo contó.
Suspiré. No quería problemas y no quería que de repente se pusiera depresivo, ya había tenido suficiente con que me cayese de tal altura, hubiese sobrevivido y me hubiese puesto mala.
-No te preocupes, por favor. Ya ha pasado. Déjalo estar.
-Es inevitable...
-Que lo dejes -corté, empezaba a cabrearme-. Para.
Y él calló, cabizbajo.
Sonó el timbre de ir a comer y él se levantó.
-¿Vienes?
-Claro.
Me aseguré de cerrar mi cuarto con llave y luego bajamos por las escaleras, empecé a marearme de nuevo al ver tanta escalera de madera y sentí caer, pero Max me cogió del brazo y me sujetó.
Cuando me hube recuperado, seguimos bajando y llegamos hasta el comedor. Cogimos las bandejas y fuimos hasta la mesa, con los chicos.
Cuando estábamos cerca y repararon en nosotros me di cuenta de que había más gente. El que más me sorprendió fue el chico de los ojos grises, que me miró de arriba a abajo, el hermano de Max e, increíblemente, Fire.
Cuchicheaban algo muy a escondidas, y cuando vieron que Max estaba a mi lado, el chico de los ojos grises se levantó de golpe, cabreado.
Les dijo a los chicos:
-¿Lo veis? Está ciega, no puede verlo.
¿Que no podía ver el qué?
Lo iba a decir pero él cogió su bandeja y la llevó para limpiar y salió del comedor. No había comido absolutamente nada.
-Ay, Dios. -murmuró Alex.
Cuando nos acercamos y nos sentamos todos me miraron.
-¿Qué os pasa? ¿He hecho algo malo?
-No has hecho nada malo -Alex me sonrió-, ¿cómo te encuentras?
-Bastante mejor. Muchas gracias por cuidar de mí en estos días de verdad.
-No tienes que agradecerlo.
Comimos en silencio durante un buen rato, aunque mi cabeza iba a cien. ¿Por qué se había ido del comedor? ¿Le había molestado que Max me hubiera acompañado hasta aquí o algo parecido?
Me dije que luego iría a hablar con él, pero primero pregunté a ver si alguien del grupo me daba una respuesta.
-¿Qué le ha ocurrido para marcharse así?
Todos me miraron, Fire me abrasó con la mirada.
-Está molesto -murmuró Alex.
-¿Por qué?
-Es difícil de explicar.
Y ya nadie dijo nada más. Me quedé con las ganas de saberlo, pero no me atrevía a preguntar así que callé y comí.
Cuando acabé, Max me acompañó hasta mi habitación y me dijo todos los deberes y exámenes que habían, luego se despidió con una sonrisa y se marchó.
Yo salí de mi cuarto y toqué a la puerta del cuarto de al lado.
Y esperé. Y esperé todavía más, hasta que abrió. ¿Por qué siempre tardaba tanto?
Cuando me vio iba a cerrar de nuevo la puerta pero yo hice como con el hermano de Max y me esta vez me hice el doble de daño en el pie. Se me volvió a escapar un pequeño alarido.
Él abrió de nuevo la puerta y me miró, luego hizo una señal para que pasara.
¿Qué le pasaba a ese chico por la cabeza?
Me senté en la silla del escritorio y me crucé de brazos.
Él no hizo ningún movimiento, incluso parecía no respirar. Yo contuve el aliento y cerré los ojos unos segundos, cuando los volví a
abrir, él se había sentado en la cama.
-¿Qué te ocurre? -fue lo que salió de mis labios, en un ligero susurro.
-Después de todo, has cambiado. -parecía que lo dijera asumiéndolo, como si ya supiera algo, pero, ¿después de todo había cambiado? ¡Él no me conocía!
-¿Cómo dices?
Él volvió de nuevo a la realidad. Me miró como se ni supiera que estaba allí.
-Tienes que irte.
Ladeé la cabeza.
-¿Me vas a decir que te ocurre?
-Ahora no. No puedo. Por favor, Elis, vete, te lo agradeceré toda mi vida.
Se levantó y me cogió de la muñeca hasta hacerme levantar y me arrastró hasta mi habitación.
Yo estaba resistiéndome. ¿Qué era lo que me ocultaba?
-¡Para! -le grité. Un silencio se formó.
Él me soltó.
-¿Qué es lo que te pasa? -le volví a preguntar.
-Entra en tu habitación, Elis.
¿¡Qué!? ¡No!
-No.
Él ladeó la cabeza y resopló, se estaba cabreando a una velocidad de vértigo.
-No te lo vuelvo a repetir, Elis, POR FAVOR, entra.
Le miré a los ojos, parecían haberse oscurecido.
-¿Qué va a pasar?
-Nada.
-Entonces no hay nada de malo en que me quede.
Y me quedé apoyada en la pared, de brazos cruzados.
Él murmuró una palabrota y lo que hizo a continuación me cabreó y me dejó de piedra. Me cogió con sus brazos, entró de nuevo conmigo a su habitación, cerró el balcón con una llave y cuando me dejó sobre la cama con cuidado, salió de la habitación y cerró la puerta con otra llave.
Antes de ello dijo:
-Lo siento.


Bueno chicos, espero que os haya gustado, cuidaros y bueno, buen fin de semana! :33

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