CAPÍTULO
V:
Cuando
desperté por el resplandor que entraba por la ventana, me di cuenta
de que me encontraba en mi cuarto y todos los recuerdos de anoche me
golpearon como una maza en la cabeza.
Max,
el ser que me perseguía, la caída al río, como el chico de los
ojos grises me rescataba de allí y me daba oxígeno antes de perder
el conocimiento, las voces, el estruendo y el rayo de luz que había
visto.
Cerré
los ojos y los volví a abrir. Me llevé una mano a la cabeza porque
me dolía y me giré.
Unos
ojos grises me devolvieron la mirada y me entraron ganas de gritar
pero tuve que reprimirlo.
Se
incorporó y observé que no estaba tapado y que había dormido a la
intemperie.
-Hola
-me saludó, acto seguido dijo:-. ¿Quieres que me vaya?
¿Por
qué decía eso? Si él desde un principio hubiera sido amable
conmigo yo no tendría problemas con él, pero lo cierto era que
quería que se quedase. Necesitaba respuestas.
-No...
-carraspeé-. ¿Me puedes explicar qué ocurrió anoche?
A
pesar de que lo sabía quería oírlo de sus palabras.
Él
me miró, y luego volvió a tumbarse a mi lado, me explicó:
-Estabas
buscando a tu amigo, pero caíste al río y casi te ahogas. Llegué a
tiempo y te llevé a la orilla para darte oxígeno... luego te llevé
donde estaban tus amigos y luego a tu cuarto. Como tenías muchas
pesadillas, me he quedado.
No
me estaba diciendo del todo la verdad y yo sabía perfectamente que
el destello y aquel trueno habían sido reales y por lo tanto
aquellas conservaciones también.
-Gracias
por salvarme la vida -agradecí-, pero, ¿qué estabas haciendo tú
en el bosque?
Aquella
pregunta lo cogió desprevenido y tardó varios minutos en responder.
-No
lo sé. -dijo solamente, con la mirada perdida unos segundos.
Luego
se levantó y entró en el baño. Yo me di la vuelta y me acomodé en
la cama. Me puse una mano en la frente y esta estaba muy caliente.
Estupendo: fiebre.
Cuando
él salió pregunté en un susurro, como si tuviera miedo de la
respuesta que fuera a darme:
-¿Los
chicos encontraron a Max?
-No
sé por qué lo dices con tanto miedo, Elis, no le ha pasado nada, de
hecho, está mejor que tú -y por primera vez sonrió y esa sonrisa
me alegró el día. Me encantó-. Cuando tú te desmayaste y te llevé
donde estaban Alex y los demás y te vieron, se quedaron
horrorizados. Max apareció allí mismo y cuando te vio se enfadó.
-¿Por
qué? -le pregunté, sus ojos grises me miraron.
-Se
sintió culpable, Elis -suspiró y entonces supe que aquel chico no
era la presencia, no era el mismo tono de voz. Luego, añadió:-. Lo
cierto es que estuvo a punto de marcharse, pero Alex le reprendió y
bueno, al final se quedó. Dijo que vendría a verte.
Acto
seguido se crujió los dedos.
Yo
volví a cerrar los ojos.
-¿Qué
fue aquel estruendo? Lo escuché antes de quedarme inconsciente.
-pregunté de nuevo sin abrir los ojos.
Cuando
su voz habló, estaba muy cerca de mí.
-Haces
muchas preguntas.
-Hay
muy pocas respuestas. -respondí, en su mismo tono de voz.
-¿Acaso
tus padres no te han dicho nunca que una niña buena no hace tantas
preguntas?
-¿Acaso
sabes tú algo de mi vida? -le solté, me había sentado mal aquello,
pero enseguida me arrepentí de lo que había dicho, porque supuse
que no lo había hecho con mala intención, pero él se rió, con
sarcasmo. ¿Acaso él sabía algo más?
-Bueno,
siempre hay tiempo, pero si me disculpas, yo me voy a desayunar.
-Claro.
Él
se giró y cuando iba a abrir la puerta volvió tras sus pasos y me
tocó con la mano en la frente. Su mano estaba caliente.
-No
bajes. La fiebre no te ha bajado, luego te traeré un paño helado.
-Gracias
-murmuré al mismo tiempo en que él salió de la habitación y yo me
quedé mirando el techo.
A
los pocos minutos volví a dormirme.
Me
desperté varias veces y di cabezadas, como si estuviera drogada sin
estarlo.
Me
encontraba mareada, la fiebre ascendía, supuse yo.
Las
veces que vi a alguien fueron a Alex y al chico de los ojos grises
poniéndome paños y de vez en cuando intentando llamar la atención
para
que me despejara sin éxito.
Luego
al director y después, a la tarde, me pareció ver a Max, sentado a
mi lado con mi mano cogida a la suya y murmurando algo que no llegué
a oír.
Una
noche tuve una pesadilla que me alteró el corazón hasta que pareció
que iba a explotar.
No
recuerdo del todo lo que sucedió, tan solo caer alguna parte, pero,
¿adónde?
Se
ve que grité, porque cuando me desperté alterada, con el corazón a
cien, el chico de los ojos grises ya estaba ahí.
-¿Qu-qué
haces aquí? -le pregunté.
-Gritabas.
He venido a ver qué pasaba, llevas ya tres días durmiendo y todas
las noches tienes pesadillas.
-Lo
siento... -intenté completar la frase, pero no pude, el sueño me
venció.
Sin
embargo, al día siguiente, empecé a encontrarme mejor, pero no fui
a clase porque todavía estaba mareada.
Salí
al balcón para ver qué tiempo hacía y me di cuenta, de que el
paisaje estaba completamente nevado.
Después
de entrar helada por el ambiente preparé la ducha y me duché.
Después de estos días, el agua caliente me hizo pensar que estaba a
salvo.
Cuando
acabé de ducharme y ya me estaba acabando de secar el pelo oí como
la puerta de mi habitación se abría con un chirrido y el vello de
mi nuca se erizó produciéndome un escalofrío que me recorrió toda
la espalda.
Cuando
acabé de secarme el pelo salí del cuarto de baño y vi a Max
sentado sobre mi cara con las manos tapándole la cara como si
estuviera muy cansado.
-Hola,
Max -le saludé. Aunque no me había hecho gracia que de repente la
gente entrara en mi cuarto por el balcón o por la puerta sin pedirme
permiso me lo aguanté, ahora no era momento de discusiones.
Él
dio un leve respingo y me miró, tenía ojeras.
-Hola,
Elis, ¿cómo estás?
-Hoy
me encuentro bastante bien, aunque cansada.
-Lo
siento, de verdad, todas estas cosas pasan cuando alguien se me
acerca.
¿Cuándo
alguien se le acercaba? ¿Qué me quería decir con eso?
Sacudí
la cabeza y le dije:
-No,
nada de eso, lo que pasa es que soy muy despistada y no me di cuenta
de que el río estaba bajo mis pies.
Él
palideció, mortalmente. ¿No se refería a aquella noche?
-No
lo repitas, por favor. Yo, yo no debería de haberme enfadado ni ido,
¡imagínate que él no llega a estar ahí para salvarte! Hubieras
muerto, y te aseguro que no me lo hubiera perdonado.
<<Qué
profundo>>, pensé, conmovida. Mis mejillas empezaron a arder.
-Bueno
lo importante es que ya todo eso ya ha pasado...
-¡No!
-exclamó él- Nada ha acabado. Luego casi coges una pulmonía, uno
de los días vino el médico porque el director y todos estábamos
asustados y dijo que... dijo que estabas grave. ¡Por favor! Te
caíste sobre diez metros de altura.
-¿Cómo
sabes tú eso? -pregunté, fruncí el ceño.
-Alex
me lo contó.
Suspiré.
No quería problemas y no quería que de repente se pusiera
depresivo, ya había tenido suficiente con que me cayese de tal
altura, hubiese sobrevivido y me hubiese puesto mala.
-No
te preocupes, por favor. Ya ha pasado. Déjalo estar.
-Es
inevitable...
-Que
lo dejes -corté, empezaba a cabrearme-. Para.
Y
él calló, cabizbajo.
Sonó
el timbre de ir a comer y él se levantó.
-¿Vienes?
-Claro.
Me
aseguré de cerrar mi cuarto con llave y luego bajamos por las
escaleras, empecé a marearme de nuevo al ver tanta escalera de
madera y sentí caer, pero Max me cogió del brazo y me sujetó.
Cuando
me hube recuperado, seguimos bajando y llegamos hasta el comedor.
Cogimos las bandejas y fuimos hasta la mesa, con los chicos.
Cuando
estábamos cerca y repararon en nosotros me di cuenta de que había
más gente. El que más me sorprendió fue el chico de los ojos
grises, que me miró de arriba a abajo, el hermano de Max e,
increíblemente, Fire.
Cuchicheaban
algo muy a escondidas, y cuando vieron que Max estaba a mi lado, el
chico de los ojos grises se levantó de golpe, cabreado.
Les
dijo a los chicos:
-¿Lo
veis? Está ciega, no puede verlo.
¿Que
no podía ver el qué?
Lo
iba a decir pero él cogió su bandeja y la llevó para limpiar y
salió del comedor. No había comido absolutamente nada.
-Ay,
Dios. -murmuró Alex.
Cuando
nos acercamos y nos sentamos todos me miraron.
-¿Qué
os pasa? ¿He hecho algo malo?
-No
has hecho nada malo -Alex me sonrió-, ¿cómo te encuentras?
-Bastante
mejor. Muchas gracias por cuidar de mí en estos días de verdad.
-No
tienes que agradecerlo.
Comimos
en silencio durante un buen rato, aunque mi cabeza iba a cien. ¿Por
qué se había ido del comedor? ¿Le había molestado que Max me
hubiera acompañado hasta aquí o algo parecido?
Me
dije que luego iría a hablar con él, pero primero pregunté a ver
si alguien del grupo me daba una respuesta.
-¿Qué
le ha ocurrido para marcharse así?
Todos
me miraron, Fire me abrasó con la mirada.
-Está
molesto -murmuró Alex.
-¿Por
qué?
-Es
difícil de explicar.
Y
ya nadie dijo nada más. Me quedé con las ganas de saberlo, pero no
me atrevía a preguntar así que callé y comí.
Cuando
acabé, Max me acompañó hasta mi habitación y me dijo todos los
deberes y exámenes que habían, luego se despidió con una sonrisa y
se marchó.
Yo
salí de mi cuarto y toqué a la puerta del cuarto de al lado.
Y
esperé. Y esperé todavía más, hasta que abrió. ¿Por qué
siempre tardaba tanto?
Cuando
me vio iba a cerrar de nuevo la puerta pero yo hice como con el
hermano de Max y me esta vez me hice el doble de daño en el pie. Se
me volvió a escapar un pequeño alarido.
Él
abrió de nuevo la puerta y me miró, luego hizo una señal para que
pasara.
¿Qué
le pasaba a ese chico por la cabeza?
Me
senté en la silla del escritorio y me crucé de brazos.
Él
no hizo ningún movimiento, incluso parecía no respirar. Yo contuve
el aliento y cerré los ojos unos segundos, cuando los volví a
abrir,
él se había sentado en la cama.
-¿Qué
te ocurre? -fue lo que salió de mis labios, en un ligero susurro.
-Después
de todo, has cambiado. -parecía que lo dijera asumiéndolo, como si
ya supiera algo, pero, ¿después de todo había cambiado? ¡Él no
me conocía!
-¿Cómo
dices?
Él
volvió de nuevo a la realidad. Me miró como se ni supiera que
estaba allí.
-Tienes
que irte.
Ladeé
la cabeza.
-¿Me
vas a decir que te ocurre?
-Ahora
no. No puedo. Por favor, Elis, vete, te lo agradeceré toda mi vida.
Se
levantó y me cogió de la muñeca hasta hacerme levantar y me
arrastró hasta mi habitación.
Yo
estaba resistiéndome. ¿Qué era lo que me ocultaba?
-¡Para!
-le grité. Un silencio se formó.
Él
me soltó.
-¿Qué
es lo que te pasa? -le volví a preguntar.
-Entra
en tu habitación, Elis.
¿¡Qué!?
¡No!
-No.
Él
ladeó la cabeza y resopló, se estaba cabreando a una velocidad de
vértigo.
-No
te lo vuelvo a repetir, Elis, POR FAVOR, entra.
Le
miré a los ojos, parecían haberse oscurecido.
-¿Qué
va a pasar?
-Nada.
-Entonces
no hay nada de malo en que me quede.
Y
me quedé apoyada en la pared, de brazos cruzados.
Él
murmuró una palabrota y lo que hizo a continuación me cabreó y me
dejó de piedra. Me cogió con sus brazos, entró de nuevo conmigo a
su habitación, cerró el balcón con una llave y cuando me dejó
sobre la cama con cuidado, salió de la habitación y cerró la
puerta con otra llave.
Antes
de ello dijo:
-Lo
siento.
Bueno chicos, espero que os haya gustado, cuidaros y bueno, buen fin de semana! :33
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