Pikachu

domingo, 17 de marzo de 2013

VI capítulo!


CAPÍTULO VI:

Dar golpes a una puerta no tenía mucha lógica. Si un profesor pasaba, la llevábamos clara, el chico de los ojos grises y yo. Intenté abrir el balcón y pensé en romper el cristal, pero me buscaría otro problema.
Así que no tuve más remedio que quedarme allí, aburriéndome.
Sobre el escritorio se encontraba (no sé por qué pensé esto, pero pensé que el libro estaba al descubierto, como si no pudiera hojear sus páginas) aquel libro que hablaba sobre la caída y lo cogí y empecé a pasar hojas viendo las ilustraciones. Algunas me parecieron entretenidas y otras horrorosas, había cosas que incluso me sonaban, aunque no sabía de qué, yo no había leído la Biblia así que supuse, que sería de la tele.
Cuando el sol cayó y la noche invadió el cielo, decidí irme a dormir; si cuando él llegase y yo me daba cuenta, me iría.
Me acosté encima del edredón y me arropé con mi propio cuerpo; aquella noche tuve un sueño muy extraño:

Me encontraba en un lugar blanco. Infinitamente blanco, no había paredes ni suelo, simplemente, era como la nada y yo me encontraba dentro de ella.
Ni había ni luz ni oscuridad, no había ni sol ni luna. No había nada. Solo blanco, nada material a lo que aferrarse.
Como no sabía donde estaba, decidí avanzar para ver qué podía encontrar.
Llegué a un lugar con una especie de plaza que estaba rodeada de columnas que parecían llegar al más allá y en el centro, estampada en el suelo, se encontraba una una estrella de seis puntas y arriba de la estrella, levitando, una esfera de un color dorado que parpadeaba y emitía destellos negros.
Decidí cogerla y cuando lo hice, algo se apoderó de mí dolorosamente, un grito rasgó aquel lugar:
-¡¡¡Noooooooo!!! ¡¡¡Eliiiiiiiis!!!
¿Quién me llamaba? Giré la cabeza; entonces vi mil colores cuando antes tan solo había visto uno. Lo inmaterial se había convertido en material. Aquello era una plaza y un poco más lejos se encontraban casas y calles con baldosas de color gris claro.
Intenté ver quién me llamaba, pero no había nadie, así que me giré en todos los sentidos posibles y el suelo empezó a ceder. Caí, y de repente miles de millones de luces empezaron a caer junto a mí, y alguien más, que no pude ver.
De repente estaba en el río, justo cuando se me cortó la respiración y cuando tragué agua.
Sus ojos grises me paralizaron y cuando me dio oxígeno me sentí desfallecer.

Desperté totalmente horrorizada; la habitación estaba a totalmente a oscuras. Todavía él no había vuelto y quise -en lo más profundo de mi corazón-, que estuviera conmigo. Fue un sentimiento intenso, como si lo necesitara desesperadamente sin saber por qué.
Intenté controlar los latidos de mi corazón y me dejé caer, intentando volver a dormirme y cuando lo conseguí, al principio tuve algo parecido a una pesadilla y luego, el silencio de una noche tranquila.
Antes -no mucho- de tocar el timbre para despertarse abrí los ojos y me encontré abrazando al chico de los ojos grises que tenía los ojos cerrados y una respiración agitada, como si aguantara algo.
Pensé que era yo, que le molestaba mi presencia y me aparté poco a poco para no despertarlo, pero él ya había abierto los ojos y me miraba.
-Perdón... -me disculpé enseguida. Agradecí que estuviera la habitación a oscuras porque un fuerte rubor se concentró en mis mejillas. ¿Por qué ardían?
-¿Por qué te disculpas? -su mirada era tranquilizadora.
-Por haberme dormido y bueno, haberme despertado así.
-No te preocupes -me dijo, hablaba despacio, como si pensara antes lo que tenía que decir-, no me ha molestado, además el que debe pedirte disculpas soy yo por haberte encerrado en mi habitación.
-Yo no quería irme sin aclarar las cosas contigo.
-¿Qué es lo que hay que aclarar? -preguntó, clavando sus ojos grises -ahora estaban a su color natural a pesar de que se notaba poco, por la oscuridad- en mí.
-Quiero saber qué te pasa conmigo. Me hablas y luego pasas de mí. No te entiendo. Unas veces eres muy amable conmigo, como por ejemplo ahora y sin embargo luego te comportas como si me odiases, como por ejemplo ayer, en el comedor y no entenderlo me cabrea.
-Ya lo sé -respondió él-, a mí también me cabrea no poder decírtelo, pero es que... aunque esto te parezca una escusa tonta y de lo más simplona es así, ahora mismo no puedo contar nada, porque yo tampoco sé lo que me pasa, en cierto modo.
No dije nada. ¿Qué era lo que pasaba?
Me levanté y me desperecé.
Sentí fuego en la garganta.
-Dame la llave del balcón. -le pedí.
-¿Para qué?
-Para irme a mi habitación. -lo dije tan secamente que me dio miedo hasta a mí.
Él frunció el ceño, se metió la mano en el bolsillo y sacó la llave plateada que me la lanzó, yo abrí el balcón y se las devolví.
Acto seguido volví a saltar y me fui a mi cuarto, que al parecer el balcón volvía a estar abierto.
Entré y noté que la temperatura del cuarto había descendido varios grados por culpa del ser que me acosaba, que abría mi balcón y se paseaba por mi cuarto buscándome.
Cerré el balcón y miré la habitación: Una habitación siniestra, fría y desordenada.
Entonces fue cuando caí de que no había hecho los deberes que me correspondía y enrojecí de rabia.
Cargué la mochila con los libros, me cambié, me peiné y fui a desayunar cuando el timbre sonó.
Saludé a Susan con una sonrisa y le pregunté qué tal estaba.
-Pues como siempre, menos ajetreada porque todos los visitantes se han ido ya, pero bueno niña, ¿y tú cómo estás? ¡el director me lo contó y me quedé de piedra! Y ayer no te vi, lo siento.
-¿Por qué te disculpas sino pasa nada? Estoy bien, un poco cansada pero eso es todo.
-Bueno, pues más te vale comer mucho y ponerte en forma, ¿eh?
Yo sonreí y ella se metió dentro de la cocina.
Cogí lo que iba a comer y me senté con los chicos. Solo se encontraban Irix, Max y Alex; el chico de los ojos grises, Fire y el hermano de Max no estaban en el comedor.
Aburridamente, desayunamos en silencio y no entendí por qué de repente era así. Aunque a penas los conocía (no llevaba ni un mes en el internado) habíamos empezado con buen pie, como si mi bienvenida hubiera sido buena y ahora de repente: nada, ni siquiera Max se limitó a decir algo.
Las clases fueron horribles porque no había hecho los deberes y no sabía por donde empezar las lecciones. Sin embargo tuve la suerte de que los profesores no preguntaban por los ejercicios y que no me tocó resolver ninguno.
El chico de los ojos grises no apareció en todo el día.
Decidí no ir a la hora de comer a pesar de que debía alimentarme,
pero los exámenes se aproximaban y yo tenía mucho trabajo acumulado y me dispuse a hacerlo. Sobre las cinco de la tarde más o menos, alguien
llamó a la puerta de mi habitación en tres golpes secos. Desde la cama levanté la cabeza y salté hacia el suelo.
Cuando abrí la puerta los ojos azules de Max y su sonrisa me saludaron.
-Hola.
-Hola.
Hice un gesto para que pasara, primero viendo que no había ningún profesor merodeando por allí en esos mismos instantes.
Cuando entró, hizo un hueco en la cama dejando unos libros y bastantes hojas sobre la almohada. Yo también me senté y esperé hasta que me dijera algo.
-Mmm, ¿sabes que tienes un desastre de habitación? -murmuró.
Puse los ojos en blanco. ¿Que tenía un desastre de habitación? ¡Pues normal! Con todo el ajetreo de la noche anterior...
-¿No me digas?
Él sonrió aunque no había ningún motivo para hacerlo, se quedó unos minutos en silencio y yo esperé de nuevo a que hablara. De repente se puso serio y dijo:
-He venido a preguntarte si necesitabas ayuda en alguna materia, fui un descortés al darte todo ese montón de deberes y mandarte a tu suerte. Lo siento. -yo no pude evitar que mis mejillas se ruborizaran por unos instantes.
-Bueno, muchas gracias pero lo cierto es que lo comprendí todo -cuando vi que su rostro se ensombreció ligeramente me apresuré a añadir:-, pero no te preocupes si hay algo que no entiendo acudiré a ti.
-Ok, me alegra saberlo -dijo, de nuevo su rostro adquirió su color natural-, por cierto, en cuanto a este fin de semana, ¿qué haremos?
¿Él y yo? ¿O quizá se refería al grupo?
-¿Todos? -él asintió y un ligero alivio me recorrió por dentro- pues no lo sé, sinceramente. Alex no ha dicho nada y bueno ninguno ha dicho nada de quedar, ¿por qué? ¿alguna idea?
-Mmm, sí. Si os parece podríamos no sé, el bosque es aburrido, y hay tan pocas cosas... -sus ojos se iluminaron de pronto-, ¿os apetecería ir al sótano?
Ay. Ay, ay, ay ¡AY! Y dale con este chico y el sótano, ¿por qué era tan importante un simple sótano de un internado en pleno bosque?
Sí, sonaba tétrico, pero, ¿qué más daba eso?
Por una parte, tenía ganas de ir. Un lugar nuevo para descubrir, un tanto abandonado -me imaginé- y que bueno, resultaría misterioso.
Sin embargo, mi otro yo, el del sano juicio me decía que no fuera, que fuera lo que fuere no tenía que ir porque ocurriría algo malo, como siempre, aunque no sabía el por qué. Me revolví las manos y las apreté contra mis muslos.
-Bueno, se lo tendrás que decir a los demás chicos.
-¿Pero tú qué piensas? -insistió.
-No estaría mal, suena misterioso.
Él se rió.
¿Por qué se reía de eso?
-Bien, habrá misterio.
Alcé las cejas y él miró hacia otro lugar, otra vez al balcón.
Se levantó y fue directamente hacia este, asomándose.
-¡Eh! ¡Te van a ver! -musité, temiendo que alguien lo viera en un cuarto que no correspondiera al suyo.
-Tranquila, no hay nadie. -me respondió desde allí, mirándome de soslayo.
Yo también salí al balcón y aquel paisaje nevado me hizo sentir bien. Max se apartó el flequillo rubio de la cara y observó el paisaje, como hipnotizado.
Estuvimos un tiempo así, sin decir nada, embelesados por aquel paisaje blanco. Le miré, aunque él no se dio cuenta porque estaba embobado.
A la luz del ocaso -pues estaba anocheciendo ya-, parecía que sus rubios cabellos destellaran por los reflejos del sol y su palidez, que parecía un tanto mortal, resaltaba por el contraste de su ropa de color negro.
Cuando él volvió su mirada azul en mí, yo volví a mirar hacia delante, como si estuviera sumida en mis pensamientos observando el paisaje desde hacía tiempo, aunque él se dio cuenta de que no era así.
Entonces fui cuando caí de lleno de que estaba temblando por el frío y un escalofrío me recorrió por dentro.
-Elis -me llamó él, yo le miré-, ¿estás bien? ¿Tienes frío?
-No, estoy bien -mentí.
Él puso los ojos en blanco.
-Anda vamos a entrar, tu desastrosa habitación necesita un arreglo.
-No está tan mal. -repuse.
-No, claro que no. Está horriblemente mal.
Hizo una risita y se metió dentro de la habitación. Acto seguido yo también entré y cerré el balcón.
Nos pusimos a recoger y acabamos más o menos, media hora antes de que sonase la campana para ir a cenar.
Acabamos reventados y nos tendimos sobre mi cama, exhaustos. Nos miramos y empezamos a reír por ningún motivo.
Cuando sonó la campana nos levantamos y fuimos hasta el comedor. No había nadie en nuestra mesa y nos sentamos, esperándolos.
Cuando ellos aparecieron se sentaron a nuestro lado -Alex a mi lado e Irix al lado de Max- y empezamos todos a cenar.
A medias de cena, Max comentó si estaban de acuerdo en ir este fin de semana a aquel sótano y a mi yo con sano juicio se le ocurrió otra idea en contra de no ir: El frío. Encima de que nos encontrábamos en invierno -aunque dentro de nada empezaría la primavera-, había nevado y por la noche hacía bastantes grados bajo cero. No era el lugar idóneo para visitar.
Y entonces mi otro yo aventurero dijo que así todo sería mucho más interesante y entonces supe que me estaba volviendo loca, poco a poco.
-¡Bien! ¡Aventura! -canturreó Alex, dándome un codazo que casi me tumbó al suelo.
-¡Alex! -le reproché, ella rió y siguió comiendo.
-¿Estás loco? -le dijo Irix a Max y luego bajó la voz, pues la mesa donde cenaban los profesores estaba bastante cerca-, ¿para qué quieres ir allí?
Max se encogió los hombros.
-Irix... -murmuró Alex. Oh, no, ella ya sabía que Irix no quería ir allí y Alex iba a utilizar sus artimañas para que viniese.
-¡No! -gruñó Irix, a sabiendas de lo que iba a ocurrir a continuación.
-¡Sí! -gritó Alex y se levantó y se abrazó a él.
-¡Suéltame Alex, parece otra cosa!
-¡Siempre es otra cosa! -cantó ella, y se acercó a su oído para murmurarle-: Ni a ti ni a mí nos gusta este espectáculo, pero no me dejas otra elección. ¿Vendrás? -y se rió con malicia.
-No...
-¡Qué bonito es el amor! -soltó ella; parecía que estuviera cantando.
Max y yo nos miramos, y nos reímos.
-¿Qué has dicho, Irix?
-Que... No. -intentó resistirse a los abrazos frenéticos de Alex pero ella se aferró a su torso como un pulpo.
Alex se aproximó todavía más a él para ser posible y le besó la mejilla. Irix se ruborizó e intentó apartar a Alex, pero ella se estrujó
contra él.
-Ay... ¡qué bonito!...
-¡Y qué irónico! ¡¡¡¡Alex!!!!
Cuando Irix se dio cuenta de que medio internado nos observaba y de que Max y yo nos reíamos entre dientes al final suspiró y cedió:
-Está bien y ahora apártate. -Alex pareció que bailase hasta su asiento y cuando lo hizo carraspeó y siguió cenando, tan panchamente.
-Bien -dijo cuando tragó-, ahora me toca avisar a Fire...
-Yo avisaré a mi hermano -añadió Max.
-Y bueno, traeré a alguien más, ¡así la cosa se pone más interesante!
La miré preguntándole con la mirada sobre quién sería el invitado o la invitada, aunque muy dentro de mí una vocecilla me susurró que era el chico de los ojos grises y en cuanto se enterase, no lo iba a rechazar.
Ladeé la cabeza desconcertada por lo que había pensado. ¿A qué venía eso? ¿Por qué tenía que aparecer el chico de los ojos grises -de cuyo nombre ni siquiera sabía-, por todas partes?
Max frunció el ceño, y supuse que también se imaginó a quién se refería y de nuevo, otra pregunta surgió a mi mente.
Cuando me quedé medio inconsciente, el chico de los ojos grises amenazó a Max. ¿Por qué? ¿Por qué se caían tan mal? ¿Qué le importaba yo al chico de los ojos grises? Porque de Max lo comprendía perfectamente, a fin de cuentas él y yo nos habíamos hecho amigos, pero de aquel chico que un día te saludaba y al otro pasaba de ti, ¿qué ocurría?
Sacudí la cabeza y en ese momento tocó el timbre que marcó la hora de ir a dormir.
Me despedí de los chicos y vi como Alex se iba por un pasillo diferente al mío. Cuando subí las escaleras un escalofrío me recorrió todo el cuerpo y suspiré, porque de nuevo aquel ser estaba detrás de mí, escrutándome.
Me paré y decidí qué hacer. La puerta de mi habitación tan solo se hallaba a dos puertas de donde me encontraba... Si ignoraba a aquel ser... o quizá debería quedarme para ver si podía decirme algo, o al menos alguna señal.
No sabía qué decirle en aquellos momentos, dado que siempre hablaba yo. ¡Ja! ¿Cómo me iba a hablar el ser?
-Cuánto tiempo -murmuré, con voz queda.
El ser que se encontraba detrás de mí sacudió la cabeza. Lo supe porque oí como su pelo se estrellaba en su cara.
-¿A qué has venido esta vez? -le pregunté.
Como respuesta: el silencio, así que decidí avanzar y entonces noté como unos pasos avanzaban hacia mi dirección, aunque supe que aquella presencia se había alejado mucho, probablemente escondiéndose del alumno que venía hacia mí.
Cuando pasó hacia mi lado, descubrí sus ojos grises pero él no me miró, ni siquiera pareció darse cuenta de que estaba allí.
Abrí la puerta de mi cuarto con la llave y la cerré con la misma. También cerré el balcón. Cuando me fui a acostar, descubrí, para mi sorpresa una nuevo nota que descansaba sobre la almohada, una simple palabra, que en esos momentos carecía de sentido completo:
¡Perdóname!
¿Cómo? ¿A quién tenía yo que perdonar? Y, ¿por qué?
Sacudí la cabeza y dejé la nota en el cajón donde estaban las otras dos. Por supuesto, se trataba de la misma persona/cosa/ser que pudiese escribir pues su caligrafía era la misma.
Me acosté e intenté dormirme pero me costó mucho y en toda la noche no pegué ojo.
Sobre las las cuatro y media me levanté y entré en la ducha.
Me miré al espejo. Después de la ducha, el pelo caía hasta debajo del pecho chorreando, con un color castaño oscuro. Mis ojos, también castaños estaban acompañados por unas enormes ojeras moradas que me dieron pena de mí misma. ¿Cómo había podido dormir tan poco?
Me vestí y me preparé y así, más o menos pasó el viernes, totalmente aburrido.
Todos habíamos quedado sobre las diez y media -para que nos diese tiempo a cambiarnos o lo que tuviéramos que hacer- en el cuarto de Alex para esperar y así hacer la fuga e irnos a aquel internado.
La curiosidad asomó por mi rostro en cuanto quedó poco tiempo para cenar. ¿Qué habría allí de importante como para que Max quisiera enseñarlo?
A la hora de cenar nadie habló pero en sus caras se adivinaba una emoción contenida que me hizo sonreír.
Al acabar la cena me fui a mi cuarto y cogí ropa de abrigo y oscura y me fui a la habitación de al lado, donde se encontraban Alex y Fire.
Esperamos a que Max, su hermano e Irix aparecieran y cuando lo hicieron esperamos hasta que el sonido del internado era totalmente inexistente.
Salimos muy cuidadosamente, esforzándonos en no dar la nota y
salimos al patio y echamos a correr hacia el muro.
Volverlo a ver me dio un escalofrío, otra vez me tocaba saltarlo. Esta vez necesité la mano de Alex para poder subirme y me raspé el costado derecho pero no dije nada.
Cuando estuvimos todos abajo me acordé de que teníamos un invitado sorpresa.
-Alex, ¿al final va a venir el invitado?
Ella me sonrió, y me recordó todavía más a su apariencia a Hatsune Miku.
-Por supuesto, pero esa persona nos espera ya allí.
¿Allí? Ah, que aquí todo el mundo sabía a donde íbamos menos yo.
Ladeé la cabeza y observé el cielo.
<<Al menos, no está tan oscuro como la otra vez>> pensé.
Lo cierto era que los árboles tapaban la mayoría de los reflejos de la luna, pero aún así se podía ver con claridad y no hicieron falta las linternas que Max y Alex llevaban (aunque no supe de dónde las habían sacado).
Nuestro paso hacía crujir las pequeñas ramas que habían caído al suelo por la presión de la nieve, y noté como cada vez las botas de montaña se hundían más en esta.
Hacía mucho, mucho frío y también sentí que mis dientes querían empezar a castañear, pero me lo aguanté: hoy no podía quejarme, no quería ser una molestia y mi orgullo me lo impedía.
Más o menos a la media hora de camino se alumbró un pequeño prado y aproximadamente en el centro, como una trapa vieja y enorme, como de una gigantesca tubería.
Encima de la trapa había una sombra que despedía vaho por la boca, aunque no se podía ver su rostro pues estaba ocultado por una capucha que supuse que fue para protegerse de la gélida noche.
En cuanto llegamos, aquella persona se quitó la capucha y como mis predicciones habían dicho, se trataba de aquel chico que aparecía en todas partes.
-Holaaa -saludó Alex.
El chico hizo una mueca algo parecida a una sonrisa y ella se la devolvió enseñando sus dientes blancos.
-¿Vamos? -preguntó el chico de los ojos grises aunque parecía que la pregunta fuese dirigida a mí pues no había quitado su mirada de la mía.
-Claro... -murmuré.
Abrieron la trapa y descendieron por unas escaleras. Me esperé a ser
la última y cuando bajé no vi absolutamente nada. Una oscuridad infinita nos rodeaba.
Tanteé un poco y di con alguien que me cogió de la mano con fuerza. Cuando la vista se me aclaró un poco vi a la penumbra que era la mano de Max y de que él me miraba con una ceja arqueada, divertido. Yo la quité enseguida y murmuré una disculpa.
Max y Alex encendieron las linternas y todos nos miramos.
-Bueno, ¿hacemos grupos? -preguntó Fire.
-Claro -dijo Max-, a ver, Alex, -y sin pronunciar su nombre miró al chico de los ojos grises con desprecio- e Irix. Fire y tú, hermanito.
Miré a Alex pidiendo su ayuda, porque ahora me tocaría estar a solas con él, a fin de cuentas eso era lo que él quería, ¿no?
De hecho, lo había conseguido.
Alex bajó la mirada.
-A las tres nos encontraremos todos aquí, chicos esto es grande, no os perdáis. -murmuró ella todavía cabizbaja- si os perdéis gritad e intentad encontrar una trapa como la que hemos descendido, desde allí podréis orientaros.
Cuando nos dividimos y fuimos cada grupo por un pasillo diferente todavía sentí la mirada del chico de los ojos grises clavada en mí, pero no hice caso y seguí adelante con Max.
Aquel lugar me daba miedo. Bastante miedo para ser sinceros. Habían más trapas las cuales no se podían abrir -o eso creí yo, porque parecían tener muchísimos años- porque era como respiraderos, bastante grandes para ser sincera. Estaba todo viejo y mugriento, como si llevaran siglos estos túneles.
Había telarañas por doquier y un escalofrío me volvió a entrar dentro del cuerpo. No me gustaban las arañas.
Max alumbraba con su linterna aquel pasadizo oscuro, que parecía que iba a salir un fantasma o un zombi o algo en unos instantes.
-¿Cómo es que sea tan grande un sótano? -pregunté, en voz baja,
como si temiese que alguien nos escuchara.
-Bueno, esto es un poco largo -empezó Max-, pero creo que vale la pena contarlo y además, la noche es larga y tenemos tiempo de sobra.
>> Realmente lo primero que apareció aquí fueron estos túneles que construyeron para evacuar a la población de las bombas de una guerra que ocurrió hace como un siglo y pico. Como evacuaron a gente de varias poblaciones aunque al principio solo se esperaba que fuese el pueblo de al lado, tuvieron que seguir haciendo túneles par que la gente pudiera entrar y estar relativamente cómoda, dentro de unos márgenes por supuesto.
Al lugar donde te voy a llevar es una especie de santuario que crearon, algo así para que les protegiese Dios de la muerte que se les venía encima e hicieron una estatua de un ángel, un ángel que para ser exactos parecía que estuviera caído. El caso es que las bombas destruyeron gran parte de los túneles que quedaron sepultados y la gente que había dentro, por supuesto, murió sepultada entre la roca -al ver mi cara de horror sacudió la cabeza y dijo-, pero no te preocupes por eso. Después de que pasara la guerra todos los escombros los quitaron y por supuesto los cadáveres fueron enterrados. Simplemente, una vez que vine aquí me di cuenta de que esta parte quedó oculta y no la bombardearon y me hizo gracia ver aquella estatua hecha en piedra que construyeron.
-Vaya, ¿y eso que sabes tanto de este lugar? -pregunté, sorprendida.
-Buf, llevo mucho tiempo aquí, he tenido tiempo de sobra para aprender mucha historia.
Sonrió y yo le devolví la sonrisa.
-Luego, décadas después alguien construyó el internado y bueno, más décadas después, pues es esto lo que hay -finalizó.
Caminamos un rato pero de repente lo perdí de vista.
Me giré a todas partes, buscándolo con la mirada, sin éxito.
-Max, ¡Max! No vuelvas a hacer esto, por favor. Sé que estás aquí.
El silencio se pronunció y yo me empecé a impacientar.
-¡Max!
-¡¡BU!! -gritó, moviendo sus dedos en mi espalda. Grité del susto y me giré y lo apuñalé con mis puños varias veces.
Él esquivó mis golpes con suma facilidad y agilideza y me paró poniendo mis puños contra el muro. Menos de cinco centímetros era lo que no separaba.
-Eres una mala persona, cabronazo -le solté. Odiaba a muerte las bromas.
Él se rió y me soltó.
-Lo siento, pero ha sido buenísimo.
-Ya, claro -repliqué.
Seguimos avanzando, en un inmenso silencio. Estaba cabreada. Odiar es una palabra que considero muy fea, pero odiaba las bromas y me costaba perdonar aquello aunque con él, a los cinco minutos se me pasó.
La estatua tenía defectos, naturalmente y estaba rota por todos estos años que habían pasado. Sin embargo, aquel ángel era hermoso a pesar de sus defectos físicos porque representaba su aura, o al menos eso es lo
que pude observar.
Él también se quedó mirándola y entonces me preguntó:
-Dime, ¿te gusta?
-Es... muy diferente a las demás, pero muestra una belleza...
-Sorprendente -terminó él, en un susurro.
Le miré y él me devolvió la mirada. Sus ojos azules destellaron, con tristeza y me pareció ver que empezaban a humedecerse.
-Max... ¿estás llorando? -le pregunté, acercándome más a él, para consolarlo si hacía falta.
¡Por Dios! ¿Qué diablos le pasaba?
Pero lo que vino a continuación, por mucho tiempo que pase, me caló profundamente.
-Lo-lo siento, Elis -murmuró, estaba ya sollozando-, es que, e-es qu-que tengo, tengo que hacerlo.
Bajé la mirada por puro instinto y noté como mi temperatura corporal descendía vertiginosamente.
En su mano, cogida con fuerza, tanto que se le habían marcado los nudillos en blanco, tenía un puñal.
Cuando le devolví la mirada, él se restregó las lágrimas con la mano que le quedaba libre y un destello que jamás había visto se reflejó en sus ojos, era como si llevase la mirada del diablo.
Muy lentamente anunció, como si fuera mi sentencia mortal:
-Lo siento, de verdad, pero he venido a matarte.


1 comentario:

  1. Meeeee encanta, pero... ¿sabes una cosa? ¡eres una capulla de mucho cuidado!
    ¿Cómo nos puedes dejar así? ¿¡CÓMO!?, Escribes,escribes y escribes y nos dejas embelesados...
    ¬¬ quiero más capítulos... ¬¬muchos... pero que muchos más... ¿te llega mi poder hipnótico? (vale no jajaj dejando de motivarme...)
    Me encanta y espero que sigas poniendo más, teeeeeeeeeeeeeeeeee quieeeeeeeeeeeerop n.n
    Ana White

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