CAPÍTULO
VI:
Dar
golpes a una puerta no tenía mucha lógica. Si un profesor pasaba,
la llevábamos clara, el chico de los ojos grises y yo. Intenté
abrir el balcón y pensé en romper el cristal, pero me buscaría
otro problema.
Así
que no tuve más remedio que quedarme allí, aburriéndome.
Sobre
el escritorio se encontraba (no sé por qué pensé esto, pero pensé
que el libro estaba al descubierto, como si no pudiera hojear sus
páginas) aquel libro que hablaba sobre la caída y lo cogí y empecé
a pasar hojas viendo las ilustraciones. Algunas me parecieron
entretenidas y otras horrorosas, había cosas que incluso me sonaban,
aunque no sabía de qué, yo no había leído la Biblia así que
supuse, que sería de la tele.
Cuando
el sol cayó y la noche invadió el cielo, decidí irme a dormir; si
cuando él llegase y yo me daba cuenta, me iría.
Me
acosté encima del edredón y me arropé con mi propio cuerpo;
aquella noche tuve un sueño muy extraño:
Me
encontraba en un lugar blanco. Infinitamente blanco, no había
paredes ni suelo, simplemente, era como la nada y yo me encontraba
dentro de ella.
Ni
había ni luz ni oscuridad, no había ni sol ni luna. No había nada.
Solo blanco, nada material a lo que aferrarse.
Como
no sabía donde estaba, decidí avanzar para ver qué podía
encontrar.
Llegué
a un lugar con una especie de plaza que estaba rodeada de columnas
que parecían llegar al más allá y en el centro, estampada en el
suelo, se encontraba una una estrella de seis puntas y arriba de la
estrella, levitando, una esfera de un color dorado que parpadeaba y
emitía destellos negros.
Decidí
cogerla y cuando lo hice, algo se apoderó de mí dolorosamente, un
grito rasgó aquel lugar:
-¡¡¡Noooooooo!!!
¡¡¡Eliiiiiiiis!!!
¿Quién
me llamaba? Giré la cabeza; entonces vi mil colores cuando antes tan
solo había visto uno. Lo inmaterial se había convertido en
material. Aquello era una plaza y un poco más lejos se encontraban
casas y calles con baldosas de color gris claro.
Intenté
ver quién me llamaba, pero no había nadie, así que me giré en
todos los sentidos posibles y el suelo empezó a ceder. Caí, y de
repente miles de millones de luces empezaron a caer junto a mí, y
alguien más, que no pude ver.
De
repente estaba en el río, justo cuando se me cortó la respiración
y cuando tragué agua.
Sus
ojos grises me paralizaron y cuando me dio oxígeno me sentí
desfallecer.
Desperté
totalmente horrorizada; la habitación estaba a totalmente a oscuras.
Todavía él no había vuelto y quise -en lo más profundo de mi
corazón-, que estuviera conmigo. Fue un sentimiento intenso, como si
lo necesitara desesperadamente sin saber por qué.
Intenté
controlar los latidos de mi corazón y me dejé caer, intentando
volver a dormirme y cuando lo conseguí, al principio tuve algo
parecido a una pesadilla y luego, el silencio de una noche tranquila.
Antes
-no mucho- de tocar el timbre para despertarse abrí los ojos y me
encontré abrazando al chico de los ojos grises que tenía los ojos
cerrados y una respiración agitada, como si aguantara algo.
Pensé
que era yo, que le molestaba mi presencia y me aparté poco a poco
para no despertarlo, pero él ya había abierto los ojos y me miraba.
-Perdón...
-me disculpé enseguida. Agradecí que estuviera la habitación a
oscuras porque un fuerte rubor se concentró en mis mejillas. ¿Por
qué ardían?
-¿Por
qué te disculpas? -su mirada era tranquilizadora.
-Por
haberme dormido y bueno, haberme despertado así.
-No
te preocupes -me dijo, hablaba despacio, como si pensara antes lo que
tenía que decir-, no me ha molestado, además el que debe pedirte
disculpas soy yo por haberte encerrado en mi habitación.
-Yo
no quería irme sin aclarar las cosas contigo.
-¿Qué
es lo que hay que aclarar? -preguntó, clavando sus ojos grises
-ahora estaban a su color natural a pesar de que se notaba poco, por
la oscuridad- en mí.
-Quiero
saber qué te pasa conmigo. Me hablas y luego pasas de mí. No te
entiendo. Unas veces eres muy amable conmigo, como por ejemplo ahora
y sin embargo luego te comportas como si me odiases, como por ejemplo
ayer, en el comedor y no entenderlo me cabrea.
-Ya
lo sé -respondió él-, a mí también me cabrea no poder decírtelo,
pero es que... aunque esto te parezca una escusa tonta y de lo más
simplona es así, ahora mismo no puedo contar nada, porque yo tampoco
sé lo que me pasa, en cierto modo.
No
dije nada. ¿Qué era lo que pasaba?
Me
levanté y me desperecé.
Sentí
fuego en la garganta.
-Dame
la llave del balcón. -le pedí.
-¿Para
qué?
-Para
irme a mi habitación. -lo dije tan secamente que me dio miedo hasta
a mí.
Él
frunció el ceño, se metió la mano en el bolsillo y sacó la llave
plateada que me la lanzó, yo abrí el balcón y se las devolví.
Acto
seguido volví a saltar y me fui a mi cuarto, que al parecer el
balcón volvía a estar abierto.
Entré
y noté que la temperatura del cuarto había descendido varios grados
por culpa del ser que me acosaba, que abría mi balcón y se paseaba
por mi cuarto buscándome.
Cerré
el balcón y miré la habitación: Una habitación siniestra, fría y
desordenada.
Entonces
fue cuando caí de que no había hecho los deberes que me
correspondía y enrojecí de rabia.
Cargué
la mochila con los libros, me cambié, me peiné y fui a desayunar
cuando el timbre sonó.
Saludé
a Susan con una sonrisa y le pregunté qué tal estaba.
-Pues
como siempre, menos ajetreada porque todos los visitantes se han ido
ya, pero bueno niña, ¿y tú cómo estás? ¡el director me lo contó
y me quedé de piedra! Y ayer no te vi, lo siento.
-¿Por
qué te disculpas sino pasa nada? Estoy bien, un poco cansada pero
eso es todo.
-Bueno,
pues más te vale comer mucho y ponerte en forma, ¿eh?
Yo
sonreí y ella se metió dentro de la cocina.
Cogí
lo que iba a comer y me senté con los chicos. Solo se encontraban
Irix, Max y Alex; el chico de los ojos grises, Fire y el hermano de
Max no estaban en el comedor.
Aburridamente,
desayunamos en silencio y no entendí por qué de repente era así.
Aunque a penas los conocía (no llevaba ni un mes en el internado)
habíamos empezado con buen pie, como si mi bienvenida hubiera sido
buena y ahora de repente: nada, ni siquiera Max se limitó a decir
algo.
Las
clases fueron horribles porque no había hecho los deberes y no sabía
por donde empezar las lecciones. Sin embargo tuve la suerte de que
los profesores no preguntaban por los ejercicios y que no me tocó
resolver ninguno.
El
chico de los ojos grises no apareció en todo el día.
Decidí
no ir a la hora de comer a pesar de que debía alimentarme,
pero
los exámenes se aproximaban y yo tenía mucho trabajo acumulado y me
dispuse a hacerlo. Sobre las cinco de la tarde más o menos, alguien
llamó
a la puerta de mi habitación en tres golpes secos. Desde la cama
levanté la cabeza y salté hacia el suelo.
Cuando
abrí la puerta los ojos azules de Max y su sonrisa me saludaron.
-Hola.
-Hola.
Hice
un gesto para que pasara, primero viendo que no había ningún
profesor merodeando por allí en esos mismos instantes.
Cuando
entró, hizo un hueco en la cama dejando unos libros y bastantes
hojas sobre la almohada. Yo también me senté y esperé hasta que me
dijera algo.
-Mmm,
¿sabes que tienes un desastre de habitación? -murmuró.
Puse
los ojos en blanco. ¿Que tenía un desastre de habitación? ¡Pues
normal! Con todo el ajetreo de la noche anterior...
-¿No
me digas?
Él
sonrió aunque no había ningún motivo para hacerlo, se quedó unos
minutos en silencio y yo esperé de nuevo a que hablara. De repente
se puso serio y dijo:
-He
venido a preguntarte si necesitabas ayuda en alguna materia, fui un
descortés al darte todo ese montón de deberes y mandarte a tu
suerte. Lo siento. -yo no pude evitar que mis mejillas se ruborizaran
por unos instantes.
-Bueno,
muchas gracias pero lo cierto es que lo comprendí todo -cuando vi
que su rostro se ensombreció ligeramente me apresuré a añadir:-,
pero no te preocupes si hay algo que no entiendo acudiré a ti.
-Ok,
me alegra saberlo -dijo, de nuevo su rostro adquirió su color
natural-, por cierto, en cuanto a este fin de semana, ¿qué haremos?
¿Él
y yo? ¿O quizá se refería al grupo?
-¿Todos?
-él asintió y un ligero alivio me recorrió por dentro- pues no lo
sé, sinceramente. Alex no ha dicho nada y bueno ninguno ha dicho
nada de quedar, ¿por qué? ¿alguna idea?
-Mmm,
sí. Si os parece podríamos no sé, el bosque es aburrido, y hay tan
pocas cosas... -sus ojos se iluminaron de pronto-, ¿os apetecería
ir al sótano?
Ay.
Ay, ay, ay ¡AY! Y dale con este chico y el sótano, ¿por qué era
tan importante un simple sótano de un internado en pleno bosque?
Sí,
sonaba tétrico, pero, ¿qué más daba eso?
Por
una parte, tenía ganas de ir. Un lugar nuevo para descubrir, un
tanto abandonado -me imaginé- y que bueno, resultaría misterioso.
Sin
embargo, mi otro yo, el del sano juicio me decía que no fuera, que
fuera lo que fuere no tenía que ir porque ocurriría algo malo, como
siempre, aunque no sabía el por qué. Me revolví las manos y las
apreté contra mis muslos.
-Bueno,
se lo tendrás que decir a los demás chicos.
-¿Pero
tú qué piensas? -insistió.
-No
estaría mal, suena misterioso.
Él
se rió.
¿Por
qué se reía de eso?
-Bien,
habrá misterio.
Alcé
las cejas y él miró hacia otro lugar, otra vez al balcón.
Se
levantó y fue directamente hacia este, asomándose.
-¡Eh!
¡Te van a ver! -musité, temiendo que alguien lo viera en un cuarto
que no correspondiera al suyo.
-Tranquila,
no hay nadie. -me respondió desde allí, mirándome de soslayo.
Yo
también salí al balcón y aquel paisaje nevado me hizo sentir bien.
Max se apartó el flequillo rubio de la cara y observó el paisaje,
como hipnotizado.
Estuvimos
un tiempo así, sin decir nada, embelesados por aquel paisaje blanco.
Le miré, aunque él no se dio cuenta porque estaba embobado.
A
la luz del ocaso -pues estaba anocheciendo ya-, parecía que sus
rubios cabellos destellaran por los reflejos del sol y su palidez,
que parecía un tanto mortal, resaltaba por el contraste de su ropa
de color negro.
Cuando
él volvió su mirada azul en mí, yo volví a mirar hacia delante,
como si estuviera sumida en mis pensamientos observando el paisaje
desde hacía tiempo, aunque él se dio cuenta de que no era así.
Entonces
fui cuando caí de lleno de que estaba temblando por el frío y un
escalofrío me recorrió por dentro.
-Elis
-me llamó él, yo le miré-, ¿estás bien? ¿Tienes frío?
-No,
estoy bien -mentí.
Él
puso los ojos en blanco.
-Anda
vamos a entrar, tu desastrosa habitación necesita un arreglo.
-No
está tan mal. -repuse.
-No,
claro que no. Está horriblemente mal.
Hizo
una risita y se metió dentro de la habitación. Acto seguido yo
también entré y cerré el balcón.
Nos
pusimos a recoger y acabamos más o menos, media hora antes de que
sonase la campana para ir a cenar.
Acabamos
reventados y nos tendimos sobre mi cama, exhaustos. Nos miramos y
empezamos a reír por ningún motivo.
Cuando
sonó la campana nos levantamos y fuimos hasta el comedor. No había
nadie en nuestra mesa y nos sentamos, esperándolos.
Cuando
ellos aparecieron se sentaron a nuestro lado -Alex a mi lado e Irix
al lado de Max- y empezamos todos a cenar.
A
medias de cena, Max comentó si estaban de acuerdo en ir este fin de
semana a aquel sótano y a mi yo con sano juicio se le ocurrió otra
idea en contra de no ir: El frío. Encima de que nos encontrábamos
en invierno -aunque dentro de nada empezaría la primavera-, había
nevado y por la noche hacía bastantes grados bajo cero. No era el
lugar idóneo para visitar.
Y
entonces mi otro yo aventurero dijo que así todo sería mucho más
interesante y entonces supe que me estaba volviendo loca, poco a
poco.
-¡Bien!
¡Aventura! -canturreó Alex, dándome un codazo que casi me tumbó
al suelo.
-¡Alex!
-le reproché, ella rió y siguió comiendo.
-¿Estás
loco? -le dijo Irix a Max y luego bajó la voz, pues la mesa donde
cenaban los profesores estaba bastante cerca-, ¿para qué quieres ir
allí?
Max
se encogió los hombros.
-Irix...
-murmuró Alex. Oh, no, ella ya sabía que Irix no quería ir allí y
Alex iba a utilizar sus artimañas para que viniese.
-¡No!
-gruñó Irix, a sabiendas de lo que iba a ocurrir a continuación.
-¡Sí!
-gritó Alex y se levantó y se abrazó a él.
-¡Suéltame
Alex, parece otra cosa!
-¡Siempre
es otra cosa! -cantó ella, y se acercó a su oído para murmurarle-:
Ni a ti ni a mí nos gusta este espectáculo, pero no me dejas otra
elección. ¿Vendrás? -y se rió con malicia.
-No...
-¡Qué
bonito es el amor! -soltó ella; parecía que estuviera cantando.
Max
y yo nos miramos, y nos reímos.
-¿Qué
has dicho, Irix?
-Que...
No. -intentó resistirse a los abrazos frenéticos de Alex pero ella
se aferró a su torso como un pulpo.
Alex
se aproximó todavía más a él para ser posible y le besó la
mejilla. Irix se ruborizó e intentó apartar a Alex, pero ella se
estrujó
contra
él.
-Ay...
¡qué bonito!...
-¡Y
qué irónico! ¡¡¡¡Alex!!!!
Cuando
Irix se dio cuenta de que medio internado nos observaba y de que Max
y yo nos reíamos entre dientes al final suspiró y cedió:
-Está
bien y ahora apártate. -Alex pareció que bailase hasta su asiento y
cuando lo hizo carraspeó y siguió cenando, tan panchamente.
-Bien
-dijo cuando tragó-, ahora me toca avisar a Fire...
-Yo
avisaré a mi hermano -añadió Max.
-Y
bueno, traeré a alguien más, ¡así la cosa se pone más
interesante!
La
miré preguntándole con la mirada sobre quién sería el invitado o
la invitada, aunque muy dentro de mí una vocecilla me susurró que
era el chico de los ojos grises y en cuanto se enterase, no lo iba a
rechazar.
Ladeé
la cabeza desconcertada por lo que había pensado. ¿A qué venía
eso? ¿Por qué tenía que aparecer el chico de los ojos grises -de
cuyo nombre ni siquiera sabía-, por todas partes?
Max
frunció el ceño, y supuse que también se imaginó a quién se
refería y de nuevo, otra pregunta surgió a mi mente.
Cuando
me quedé medio inconsciente, el chico de los ojos grises amenazó a
Max. ¿Por qué? ¿Por qué se caían tan mal? ¿Qué le importaba yo
al chico de los ojos grises? Porque de Max lo comprendía
perfectamente, a fin de cuentas él y yo nos habíamos hecho amigos,
pero de aquel chico que un día te saludaba y al otro pasaba de ti,
¿qué ocurría?
Sacudí
la cabeza y en ese momento tocó el timbre que marcó la hora de ir a
dormir.
Me
despedí de los chicos y vi como Alex se iba por un pasillo diferente
al mío. Cuando subí las escaleras un escalofrío me recorrió todo
el cuerpo y suspiré, porque de nuevo aquel ser estaba detrás de mí,
escrutándome.
Me
paré y decidí qué hacer. La puerta de mi habitación tan solo se
hallaba a dos puertas de donde me encontraba... Si ignoraba a aquel
ser... o quizá debería quedarme para ver si podía decirme algo, o
al menos alguna señal.
No
sabía qué decirle en aquellos momentos, dado que siempre hablaba
yo. ¡Ja! ¿Cómo me iba a hablar el ser?
-Cuánto
tiempo -murmuré, con voz queda.
El
ser que se encontraba detrás de mí sacudió la cabeza. Lo supe
porque oí como su pelo se estrellaba en su cara.
-¿A
qué has venido esta vez? -le pregunté.
Como
respuesta: el silencio, así que decidí avanzar y entonces noté
como unos pasos avanzaban hacia mi dirección, aunque supe que
aquella presencia se había alejado mucho, probablemente
escondiéndose del alumno que venía hacia mí.
Cuando
pasó hacia mi lado, descubrí sus ojos grises pero él no me miró,
ni siquiera pareció darse cuenta de que estaba allí.
Abrí
la puerta de mi cuarto con la llave y la cerré con la misma. También
cerré el balcón. Cuando me fui a acostar, descubrí, para mi
sorpresa una nuevo nota que descansaba sobre la almohada, una simple
palabra, que en esos momentos carecía de sentido completo:
¡Perdóname!
¿Cómo?
¿A quién tenía yo que perdonar? Y, ¿por qué?
Sacudí
la cabeza y dejé la nota en el cajón donde estaban las otras dos.
Por supuesto, se trataba de la misma persona/cosa/ser que pudiese
escribir pues su caligrafía era la misma.
Me
acosté e intenté dormirme pero me costó mucho y en toda la noche
no pegué ojo.
Sobre
las las cuatro y media me levanté y entré en la ducha.
Me
miré al espejo. Después de la ducha, el pelo caía hasta debajo del
pecho chorreando, con un color castaño oscuro. Mis ojos, también
castaños estaban acompañados por unas enormes ojeras moradas que me
dieron pena de mí misma. ¿Cómo había podido dormir tan poco?
Me
vestí y me preparé y así, más o menos pasó el viernes,
totalmente aburrido.
Todos
habíamos quedado sobre las diez y media -para que nos diese tiempo a
cambiarnos o lo que tuviéramos que hacer- en el cuarto de Alex para
esperar y así hacer la fuga e irnos a aquel internado.
La
curiosidad asomó por mi rostro en cuanto quedó poco tiempo para
cenar. ¿Qué habría allí de importante como para que Max quisiera
enseñarlo?
A
la hora de cenar nadie habló pero en sus caras se adivinaba una
emoción contenida que me hizo sonreír.
Al
acabar la cena me fui a mi cuarto y cogí ropa de abrigo y oscura y
me fui a la habitación de al lado, donde se encontraban Alex y Fire.
Esperamos
a que Max, su hermano e Irix aparecieran y cuando lo hicieron
esperamos hasta que el sonido del internado era totalmente
inexistente.
Salimos
muy cuidadosamente, esforzándonos en no dar la nota y
salimos
al patio y echamos a correr hacia el muro.
Volverlo
a ver me dio un escalofrío, otra vez me tocaba saltarlo. Esta vez
necesité la mano de Alex para poder subirme y me raspé el costado
derecho pero no dije nada.
Cuando
estuvimos todos abajo me acordé de que teníamos un invitado
sorpresa.
-Alex,
¿al final va a venir el invitado?
Ella
me sonrió, y me recordó todavía más a su apariencia a Hatsune
Miku.
-Por
supuesto, pero esa persona nos espera ya allí.
¿Allí?
Ah, que aquí todo el mundo sabía a donde íbamos menos yo.
Ladeé
la cabeza y observé el cielo.
<<Al
menos, no está tan oscuro como la otra vez>> pensé.
Lo
cierto era que los árboles tapaban la mayoría de los reflejos de la
luna, pero aún así se podía ver con claridad y no hicieron falta
las linternas que Max y Alex llevaban (aunque no supe de dónde las
habían sacado).
Nuestro
paso hacía crujir las pequeñas ramas que habían caído al suelo
por la presión de la nieve, y noté como cada vez las botas de
montaña se hundían más en esta.
Hacía
mucho, mucho frío y también sentí que mis dientes querían empezar
a castañear, pero me lo aguanté: hoy no podía quejarme, no quería
ser una molestia y mi orgullo me lo impedía.
Más
o menos a la media hora de camino se alumbró un pequeño prado y
aproximadamente en el centro, como una trapa vieja y enorme, como de
una gigantesca tubería.
Encima
de la trapa había una sombra que despedía vaho por la boca, aunque
no se podía ver su rostro pues estaba ocultado por una capucha que
supuse que fue para protegerse de la gélida noche.
En
cuanto llegamos, aquella persona se quitó la capucha y como mis
predicciones habían dicho, se trataba de aquel chico que aparecía
en todas partes.
-Holaaa
-saludó Alex.
El
chico hizo una mueca algo parecida a una sonrisa y ella se la
devolvió enseñando sus dientes blancos.
-¿Vamos?
-preguntó el chico de los ojos grises aunque parecía que la
pregunta fuese dirigida a mí pues no había quitado su mirada de la
mía.
-Claro...
-murmuré.
Abrieron
la trapa y descendieron por unas escaleras. Me esperé a ser
la
última y cuando bajé no vi absolutamente nada. Una oscuridad
infinita nos rodeaba.
Tanteé
un poco y di con alguien que me cogió de la mano con fuerza. Cuando
la vista se me aclaró un poco vi a la penumbra que era la mano de
Max y de que él me miraba con una ceja arqueada, divertido. Yo la
quité enseguida y murmuré una disculpa.
Max
y Alex encendieron las linternas y todos nos miramos.
-Bueno,
¿hacemos grupos? -preguntó Fire.
-Claro
-dijo Max-, a ver, Alex, -y sin pronunciar su nombre miró al chico
de los ojos grises con desprecio- e Irix. Fire y tú, hermanito.
Miré
a Alex pidiendo su ayuda, porque ahora me tocaría estar a solas con
él, a fin de cuentas eso era lo que él quería, ¿no?
De
hecho, lo había conseguido.
Alex
bajó la mirada.
-A
las tres nos encontraremos todos aquí, chicos esto es grande, no os
perdáis. -murmuró ella todavía cabizbaja- si os perdéis gritad e
intentad encontrar una trapa como la que hemos descendido, desde allí
podréis orientaros.
Cuando
nos dividimos y fuimos cada grupo por un pasillo diferente todavía
sentí la mirada del chico de los ojos grises clavada en mí, pero no
hice caso y seguí adelante con Max.
Aquel
lugar me daba miedo. Bastante miedo para ser sinceros. Habían más
trapas las cuales no se podían abrir -o eso creí yo, porque
parecían tener muchísimos años- porque era como respiraderos,
bastante grandes para ser sincera. Estaba todo viejo y mugriento,
como si llevaran siglos estos túneles.
Había
telarañas por doquier y un escalofrío me volvió a entrar dentro
del cuerpo. No me gustaban las arañas.
Max
alumbraba con su linterna aquel pasadizo oscuro, que parecía que iba
a salir un fantasma o un zombi o algo en unos instantes.
-¿Cómo
es que sea tan grande un sótano? -pregunté, en voz baja,
como
si temiese que alguien nos escuchara.
-Bueno,
esto es un poco largo -empezó Max-, pero creo que vale la pena
contarlo y además, la noche es larga y tenemos tiempo de sobra.
>>
Realmente lo primero que apareció aquí fueron estos túneles que
construyeron para evacuar a la población de las bombas de una guerra
que ocurrió hace como un siglo y pico. Como evacuaron a gente de
varias poblaciones aunque al principio solo se esperaba que fuese el
pueblo de al lado, tuvieron que seguir haciendo túneles par que la
gente pudiera entrar y estar relativamente cómoda, dentro de unos
márgenes por supuesto.
Al
lugar donde te voy a llevar es una especie de santuario que crearon,
algo así para que les protegiese Dios de la muerte que se les venía
encima e hicieron una estatua de un ángel, un ángel que para ser
exactos parecía que estuviera caído. El caso es que las bombas
destruyeron gran parte de los túneles que quedaron sepultados y la
gente que había dentro, por supuesto, murió sepultada entre la roca
-al ver mi cara de horror sacudió la cabeza y dijo-, pero no te
preocupes por eso. Después de que pasara la guerra todos los
escombros los quitaron y por supuesto los cadáveres fueron
enterrados. Simplemente, una vez que vine aquí me di cuenta de que
esta parte quedó oculta y no la bombardearon y me hizo gracia ver
aquella estatua hecha en piedra que construyeron.
-Vaya,
¿y eso que sabes tanto de este lugar? -pregunté, sorprendida.
-Buf,
llevo mucho tiempo aquí, he tenido tiempo de sobra para aprender
mucha historia.
Sonrió
y yo le devolví la sonrisa.
-Luego,
décadas después alguien construyó el internado y bueno, más
décadas después, pues es esto lo que hay -finalizó.
Caminamos
un rato pero de repente lo perdí de vista.
Me
giré a todas partes, buscándolo con la mirada, sin éxito.
-Max,
¡Max! No vuelvas a hacer esto, por favor. Sé que estás aquí.
El
silencio se pronunció y yo me empecé a impacientar.
-¡Max!
-¡¡BU!!
-gritó, moviendo sus dedos en mi espalda. Grité del susto y me giré
y lo apuñalé con mis puños varias veces.
Él
esquivó mis golpes con suma facilidad y agilideza y me paró
poniendo mis puños contra el muro. Menos de cinco centímetros era
lo que no separaba.
-Eres
una mala persona, cabronazo -le solté. Odiaba a muerte las bromas.
Él
se rió y me soltó.
-Lo
siento, pero ha sido buenísimo.
-Ya,
claro -repliqué.
Seguimos
avanzando, en un inmenso silencio. Estaba cabreada. Odiar es una
palabra que considero muy fea, pero odiaba las bromas y me costaba
perdonar aquello aunque con él, a los cinco minutos se me pasó.
La
estatua tenía defectos, naturalmente y estaba rota por todos estos
años que habían pasado. Sin embargo, aquel ángel era hermoso a
pesar de sus defectos físicos porque representaba su aura, o al
menos eso es lo
que
pude observar.
Él
también se quedó mirándola y entonces me preguntó:
-Dime,
¿te gusta?
-Es...
muy diferente a las demás, pero muestra una belleza...
-Sorprendente
-terminó él, en un susurro.
Le
miré y él me devolvió la mirada. Sus ojos azules destellaron, con
tristeza y me pareció ver que empezaban a humedecerse.
-Max...
¿estás llorando? -le pregunté, acercándome más a él, para
consolarlo si hacía falta.
¡Por
Dios! ¿Qué diablos le pasaba?
Pero
lo que vino a continuación, por mucho tiempo que pase, me caló
profundamente.
-Lo-lo
siento, Elis -murmuró, estaba ya sollozando-, es que, e-es qu-que
tengo, tengo que hacerlo.
Bajé
la mirada por puro instinto y noté como mi temperatura corporal
descendía vertiginosamente.
En
su mano, cogida con fuerza, tanto que se le habían marcado los
nudillos en blanco, tenía un puñal.
Cuando
le devolví la mirada, él se restregó las lágrimas con la mano que
le quedaba libre y un destello que jamás había visto se reflejó en
sus ojos, era como si llevase la mirada del diablo.
Muy
lentamente anunció, como si fuera mi sentencia mortal:
-Lo
siento, de verdad, pero he venido a matarte.
Meeeee encanta, pero... ¿sabes una cosa? ¡eres una capulla de mucho cuidado!
ResponderEliminar¿Cómo nos puedes dejar así? ¿¡CÓMO!?, Escribes,escribes y escribes y nos dejas embelesados...
¬¬ quiero más capítulos... ¬¬muchos... pero que muchos más... ¿te llega mi poder hipnótico? (vale no jajaj dejando de motivarme...)
Me encanta y espero que sigas poniendo más, teeeeeeeeeeeeeeeeee quieeeeeeeeeeeerop n.n
Ana White