Pikachu

viernes, 2 de noviembre de 2012

CAPÍTULO IV Y V DE MEMORIAS DE UN SIN NOMBRE: Jake y Emma


CAPÍTULO 4: Jake

La mañana igual que todos los días, así que cuando llegué a la parada, dejé un largo suspiro en el aire.
Subí al autobús, y me fijé si estaba Emma, y la vi. Me senté a su lado, y le dediqué una media sonrisa.
-¿Qué tal? -me preguntó.
-Genial, ¿y tú?
-Genial, oye, Jake, mañana que es sábado, ¿te viene bien quedar?
Me pilló de sorpresa pero es que lo estaba deseando, aún así me hice el interesado.
-Mmmm, no sé si puedo, pero esta tarde te llamo para confirmarlo.
-Vale. -sonrió ella, yo le devolví la sonrisa.
En el autobús hablamos poco, y sin embargo tenía tantas ganas de hablarle, que las palabras no me salían de la boca.
En las clases tampoco hablé, y me dediqué a leer, pues ayer me quité el tema entero de en cima de casi todas las asignaturas, sin embargo, en Plástica y Lengua sí tuve que trabajar, pero llegué a acabar el tema, antes de que tocase la sirena, por lo que pude leer un rato más.
Me quedaba poco para acabar el libro, pero a penas tenía gana alguna de leer, tan solo quería que tocase el timbre ese ya, que hiciera “¡¡¡¡RIIIIIIIIIIIIIN!!!!” y que todos saliésemos disparados para nuestro amado patio, algunos para hacer los vagos, yo, para hablar con Emma.
Pero quedaban diez minutos que se me hicieron eternos, hasta que el Dios, llamado “Timbre” tocó, y yo salí disparado, como una bala.
Doblé la esquina con la mochila colgándome sobre un hombro, vestido con unos vaqueros azules y una camiseta de manga corta negra y unas deportivas también negras.
Estaba allí, en la primera hora habíamos coincidido, pero luego la segunda y la tercera hora nos habíamos separado.
Me acerqué con una sonrisa y me senté a su lado. Estaba en el mismo sitio que siempre, y aún se veía el pequeño charco de sangre seca de los últimos días.
-¡Odio al de Mates! -me dijo ella, escurriéndose en la pared.
-¿Y eso? ¿Qué te ha hecho?
-¡Ponerme un negativo por leer en clase! Si ya tenía los deberes hechos...
-A mí nunca me pone un negativo por leer en clase, y ya tengo acabado el tema siete.
-Cerebrito...
-Tú también eres una chica lista.
-¡¡Ggggrrrrr!! -dijo ella, con picardía.
-Mal pensada...
-Si tú lo dices... -rió ella, feliz.
-Hombre, pues claro que lo digo yo, ¿quién sino? -dije yo, riéndome.
Ella puso su cabeza en mi hombro, como aquel día en el hospital, y dejó caer un largo suspiro.
-¿Qué pasa? -pregunté, abrazándola de aquella forma.
-No sé... me siento extraña. -respondió ella.
-¿Por? -pregunté yo, extrañado.
-No lo sé. -y no añadió más, por lo que yo tampoco dije nada.
Nos quedamos un rato así, en silencio, pero ocurrió algo.






CAPÍTULO 5: Emma.

Estaba genial de la forma que me estaba cogiendo Jake, pero aún así me sentí extraña, rara, y no sabía el por qué, bueno sí: Jake.
Pero él no era la única pieza que no encajaba en mi mundo.
Era simplemente yo, mi ser, eso sí, mi ser era el que no encajaba en nada.
Todo era tan normal, ¿por qué yo no podía serlo? ¿Por qué de alguna manera, tenía que ser como esas tipejas a las que gobernaba Geanina? ¡Odiaba imaginarme como una de ellas!
Y sin embargo lo había sido. 
Todo era muy diferente. Yo estaba con ellas porque eran las únicas que se parecían a mí en un solo sentido: Mi ser.
Pero también era cierto que yo era muy diferente. No me parecía en nada, mis gustos no eran los de ellas, y muchas veces había pensado en irme con otra gente, pero, ¿dónde?
Era cierto que, con mi otro ser, perfectamente podía estar con otra gente, porque no necesitaba estar en este pueblo, pero, cuando yo era así, como soy ahora, no sabía nada de estas leyes, por lo que, ellas eran mi única esperanza. Pero eso se había acabado, poco a poco se conoce a gente, aunque yo hubiese querido quitarme de en medio, porque en esos momentos mi falta de autoestima era inmensa. Pero era cierto, solo tenía a mi hermano, y ahora también había conocido a Jake.
Estaba sufriendo por él. ¿Por qué involuntariamente lo había metido en este lío? ¡Él no tenía nada que ver! Y eso para mí... era muy especial.
Había cogido a Jake mucho cariño, y él seguramente lo debería estar pasando fatal. Y todo por mi culpa, y eso era algo que me dolía muchísimo.
Pero ahora estaba feliz, felizmente con él, abrazados de esa forma que tanto me gustaba, hasta que oí ruidos.
Sabía que eran ellos, que me advertían que no podía estar con Jake, pero era algo que no podía asumir, sin Jake, ¿yo qué sería?
Nada, seguro.
Pareció que Jake también notó los ruidos, pues abrió los ojos.
Pero entonces aquellas vinieron. ¿Para qué? Ni idea, supongo que para fastidiar.
El caso es que vinieron y me echaron algo al suelo. Lo miré extrañada, pero en seguida reconocí el colgante de mi hermano. Era un colgante cualquiera, pero que para mí significaba mucho: Era una luna llena con la sombra de un lobo en el centro.
¿Cómo había llegado a sus manos?
-¿Qué hace esto aquí? -dije, bruscamente.
-Anoche el chucho volvió. Cuidado con lo que haces. No siempre estará para salvarte.
Y se fueron.
Cogí el colgante y lo miré sin verlo.
Me había quedado ausente.

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