CAPÍTULO
4: Jake
La
mañana igual que todos los días, así que cuando llegué a la
parada, dejé un largo suspiro en el aire.
Subí
al autobús, y me fijé si estaba Emma, y la vi. Me senté a su lado,
y le dediqué una media sonrisa.
-¿Qué
tal? -me preguntó.
-Genial,
¿y tú?
-Genial,
oye, Jake, mañana que es sábado, ¿te viene bien quedar?
Me
pilló de sorpresa pero es que lo estaba deseando, aún así me hice
el interesado.
-Mmmm,
no sé si puedo, pero esta tarde te llamo para confirmarlo.
-Vale.
-sonrió ella, yo le devolví la sonrisa.
En
el autobús hablamos poco, y sin embargo tenía tantas ganas de
hablarle, que las palabras no me salían de la boca.
En
las clases tampoco hablé, y me dediqué a leer, pues ayer me quité
el tema entero de en cima de casi todas las asignaturas, sin embargo,
en Plástica y Lengua sí tuve que trabajar, pero llegué a acabar
el tema, antes de que tocase la sirena, por lo que pude leer un rato
más.
Me
quedaba poco para acabar el libro, pero a penas tenía gana alguna de
leer, tan solo quería que tocase el timbre ese ya, que hiciera
“¡¡¡¡RIIIIIIIIIIIIIN!!!!” y que todos saliésemos disparados
para nuestro amado patio, algunos para hacer los vagos, yo, para
hablar con Emma.
Pero
quedaban diez minutos que se me hicieron eternos, hasta que el Dios,
llamado “Timbre” tocó, y yo salí disparado, como una bala.
Doblé
la esquina con la mochila colgándome sobre un hombro,
vestido con unos vaqueros azules y una camiseta de manga corta negra
y unas deportivas también negras.
Estaba
allí, en la primera hora habíamos coincidido, pero luego la segunda
y la tercera hora nos habíamos separado.
Me
acerqué con una sonrisa y me senté a su lado. Estaba en el mismo
sitio que siempre, y aún se veía el pequeño charco de sangre seca
de los últimos días.
-¡Odio
al de Mates! -me dijo ella, escurriéndose en la pared.
-¿Y
eso? ¿Qué te ha hecho?
-¡Ponerme
un negativo por leer en clase! Si ya tenía los deberes hechos...
-A
mí nunca me pone un negativo por leer en clase, y ya tengo acabado
el tema siete.
-Cerebrito...
-Tú
también eres una chica lista.
-¡¡Ggggrrrrr!!
-dijo ella, con picardía.
-Mal
pensada...
-Si
tú lo dices... -rió ella, feliz.
-Hombre,
pues claro que lo digo yo, ¿quién sino? -dije yo, riéndome.
Ella
puso su cabeza en mi hombro, como aquel día en el hospital, y dejó
caer un largo suspiro.
-¿Qué
pasa? -pregunté, abrazándola de aquella forma.
-No
sé... me siento extraña. -respondió ella.
-¿Por?
-pregunté yo, extrañado.
-No
lo sé. -y no añadió más, por lo que yo tampoco dije nada.
Nos
quedamos un rato así, en silencio, pero ocurrió algo.
CAPÍTULO
5: Emma.
Estaba
genial de la forma que me estaba cogiendo Jake, pero aún así me
sentí extraña, rara, y no sabía el por qué, bueno sí: Jake.
Pero
él no era la única pieza que no encajaba en mi mundo.
Era
simplemente yo, mi ser, eso sí, mi ser era el que no encajaba en
nada.
Todo
era tan normal, ¿por qué yo no podía serlo? ¿Por qué de alguna
manera, tenía que ser como esas tipejas a las que gobernaba Geanina?
¡Odiaba imaginarme como una de ellas!
Y
sin embargo lo había sido.
Todo
era muy diferente. Yo estaba con ellas porque eran las únicas que se
parecían a mí en un solo sentido: Mi ser.
Pero
también era cierto que yo era muy diferente. No me parecía en nada,
mis gustos no eran los de ellas, y muchas veces había pensado en irme
con otra gente, pero, ¿dónde?
Era
cierto que, con mi otro ser, perfectamente podía estar con otra
gente, porque no necesitaba estar en este pueblo, pero, cuando yo era
así, como soy ahora, no sabía nada de estas leyes, por lo que,
ellas eran mi única esperanza. Pero eso se había acabado, poco a
poco se conoce a gente, aunque yo hubiese querido quitarme de en
medio, porque en esos momentos mi falta de autoestima era inmensa.
Pero era cierto, solo tenía a mi hermano, y ahora también había
conocido a Jake.
Estaba
sufriendo por él. ¿Por qué involuntariamente lo había metido en
este lío? ¡Él no tenía nada que ver! Y eso para mí... era muy
especial.
Había
cogido a Jake mucho cariño, y él seguramente lo debería estar
pasando fatal. Y todo por mi culpa, y eso era algo que me dolía
muchísimo.
Pero
ahora estaba feliz, felizmente con él, abrazados de esa
forma que tanto me gustaba, hasta que oí ruidos.
Sabía
que eran ellos, que me advertían que no podía estar con Jake, pero
era algo que no podía asumir, sin Jake, ¿yo qué sería?
Nada,
seguro.
Pareció
que Jake también notó los ruidos, pues abrió los ojos.
Pero
entonces aquellas vinieron. ¿Para qué? Ni idea, supongo que para fastidiar.
El
caso es que vinieron y me echaron algo al suelo. Lo miré extrañada,
pero en seguida reconocí el colgante de mi hermano. Era un colgante
cualquiera, pero que para mí significaba mucho: Era una luna llena
con la sombra de un lobo en el centro.
¿Cómo
había llegado a sus manos?
-¿Qué
hace esto aquí? -dije, bruscamente.
-Anoche
el chucho volvió. Cuidado con lo que haces. No siempre estará para
salvarte.
Y
se fueron.
Cogí
el colgante y lo miré sin verlo.
Me
había quedado ausente.
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