CAPÍTULO
IV:
Como
la campana no sonó a las cinco de la mañana dormí prácticamente
hasta medio día.
Me
levanté con frío y corrí hasta el armario para sacar la ropa.
Preparé la ducha. ¿Volvería a tener visita?
Cuando
me duché y me sequé el pelo me dirigí hasta la biblioteca. Aunque
a Max no le hubiese gustado o por lo menos eso me pareció, a mí me
había encantado.
Entré
y cerré la puerta. Parecía un mundo por descubrir. Fui andando por
los pasillos, para ver si algo me llamaba la atención. Cuando pasé
por el pasillo donde estaban todos los libros de todas las
asignaturas des de 1o a lo que correspondería a 2o de bachillerato,
era ya todo fantasía, novelas de terror, policíacas...
Subí
las escaleras y de repente me di cuenta de que el chico de los ojos
grises se encontraba allí, buscando un libro con rapidez. Yo hice
como si no lo hubiese visto y saqué uno que me llamó la atención:
La Caída.
Lo
abrí por la mitad. El tema religioso no es que fuera de mi agrado,
más bien yo me creía una chica atea que no pensaba que existía ni
Dios ni Lucifer, que simplemente la humanidad los había creado
porque sentían miedo a la muerte, a la oscuridad infinita.
Le
di una mirada rápida y cuando lo iba a situar, alguien lo cogió. Se
trataba de él.
-¿Puedo
cogerlo?
Se
lo di, sin hablarle. Cuando me iba a girar oí un susurró:
-Gracias.
Me
giré, pero él ya había bajado las escaleras.
Me
quedé en la biblioteca hasta que sonó el timbre y me fui a comer.
Allí solo encontré a Irix y a Alex, ni se encontraban ni Max ni
Fire.
-¿Alguien
ha visto a Max? -preguntó Alex, mirándome sobretodo a mí, como si
supiera lo que había pasado.
-¿Y
Fire? -pregunté yo.
-Sabes
que Fire no viene ni a comer, ni a desayunar ni a cenar, en fin.
-¿Y
cuándo come? -dije.
-Pues...
no lo sé. -respondieron a la vez Irix y Alex, mirándose algo
desconcertados.
-¿Max
tiene compañero de habitación? -volví a preguntar.
Ellos
pensaron, al final Irix me respondió:
-Creo
que está con su hermano, ¿te pasarás luego?
-Me
gustaría saber qué le pasa.
Ambos
asintieron. Alex me miró con sus grandes ojos perfilados con negro y
sonrió.
Cuando
acabamos de comer ella me llevó por un pasillo y me preguntó en un
susurro:
-¿Qué
le has hecho? Él nunca falta.
-¡No
he hecho nada! Ayer... se molestó porque os dije de acompañarnos al
sótano. Me advertiste de que no debía ir con él, pero no iba a
dejarlo de lado... no me pareció tan mal...
-Este
tío es más raro... -murmuró para sus adentros-, ve con cuidado por
fa.
Asentí
y me fui escaleras arriba hacia la habitación de Max. ¿Por qué
Alex se estaba preocupando tanto por mí? ¿Por qué Max era tan
peligroso?
Cuando
llegué, me aseguré de que no había ningún profesor por ahí y
toqué la puerta.
Segundos
de tensión y silencio. Volví a llamar y la puerta se abrió. El
chico de los ojos azules palideció al verme y se dispuso a cerrar
pero metí el pie y me hice un daño terrible. Solté un gemido de
dolor y él abrió la puerta.
-Mmm,
perdona. ¿Estás bien? ¿Necesitabas algo? -me preguntó, amable. Me
abrió del todo la puerta para que pasara y entré. Saltarse esta
norma creo que era demasiado común entre los alumnos.
-Sí,
¿eres el hermano de Max? -asintió- Sabes... ¿sabes dónde se ha
metido? Llevo buscándole...
-Yo
de ti no me preocuparía -dijo él, enseguida. Seguía pálido, como
si hubiese visto un fantasma-. A veces falta... yo diría que hace
pactos con el diablo -y rió, al ver mi cara dijo:-, ¡por favor! Es
broma.
Sonreí,
y entonces él me dijo:
-Tú
eres Elis, ¿verdad? Un placer conocerte. Siempre lo es.
-¿Siempre?
¿Nos conocíamos de antes?
-No,
que yo sepa, en fin, siempre digo una de esas cosas raras, es mejor
que no me hagas caso, a fin de cuentas, se supone que todos estamos
locos.
-Ya...,
entonces, ¿no sabrás cuándo volverá?
Negó
con la cabeza, su pelo castaño se movió a compás.
-Bueno,
gracias, ya nos vemos...
-Sí
-asintió él-. Si lo ves antes que yo, ¿le puedes decir una cosa?
-Claro.
-Dile
que es cierto, que tiene toda la razón del mundo.
Asentí.
Me despedí con la mano y él con una sonrisa cerró la puerta. Me
pregunté por qué aquel chico había palidecido al verme, por qué
tenía que darle yo ese mensaje y a qué se debía el significado de
este: “dile que es cierto, que tiene toda la razón el mundo”.
Bajé
de nuevo las escaleras y me quedé sentada en la última, sin saber a
dónde ir. Me pasé una mano por la frente, notaba que empezaba a
tener fiebre, pero no podía rendirme ahora, tenía que ir a
buscarlo.
Así
que el resto de la tarde me pasé por el bosque-patio buscándole sin
éxito.
Por
la noche estaba reventada y después de cenar todos nos juntamos en
la habitación de Alex, donde también habían venido el hermano de
Max y Fire.
Yo
estaba en la cama sentada intentando calmar mi corazón. Tendría que
estar bien para poder ir esta noche en su busca al bosque.
-Elis,
¿y eso que estás tan reventada? -me preguntó Fire, amablemente (me
extrañó).
-Se
ha pasado todo el día buscando a Max -respondió Alex por mí. La
otra hizo un soplido.
-¿Qué
estamos haciendo aquí? -preguntó Irix. Ya eran las diez.
-Pues
esperar a que los profes se vayan al catre, y si no hablas mucho a lo
mejor no nos pillan -le contestó Fire, de mal humor.
¿Por
qué esta chica tenía tantos cambios repentinos de humor?
Irix
calló y esperamos hasta las once a oscuras en la habitación de
Alex. Cuando ya no se oyeron pasos, entonces salimos a escondidas.
Alex
me había dado un jersey negro, unos vaqueros negros y unas botas
también negras, dijo que era para que no se nos viera, que con mi
pelo oscuro pasaría desapercibida. También me dio una chaqueta
negra que era calentita.
La
noche era fría y no había luna.
Sin
hacer mucho ruido llegamos hasta el patio y allí nos metimos en el
bosque-patio. Me costó mucho seguir a Alex y no porque fuera rápida
sino porque todo el mundo vestía de negro y como ella también tenía
el pelo oscuro como la noche, me costaba mucho seguirle el paso desde
la oscuridad.
Cuando
estuvimos todos enfrente del muro me quedé horrorizada. Escalar no
se me daba bien, pero me aferré con las pocas fuerzas que había
recobrado y salté. Puse de puro milagro el culo en el muro y luego
salté al otro lado.
Yo
no sabía como era el bosque ni nada pro el estilo, salvo que al sud
había un lago y cerca del internado por el oeste había un río que
por lo que el director había dicho era lo suficientemente peligroso
para matar a una persona. Me pregunté si ya se habría ahogado
alguien.
Seguí
a Irix que era el que más destacaba por su pelo blanco y cuando
estuvimos alejados del internado empezamos a gritar el nombre de Max.
Sin
embargo, las horas pasaban y Max no aparecía por ninguna parte. ¿Y
si estaba herido? ¿Y si se había caído al río? ¿Y si se había
despeñado por algún barranco?
Me
intenté tranquilizar y no ser tan paranoica, dado que eso no podría
ser. Seguro que no.
A
medida que avanzábamos y las horas pasaban, todos empezamos a
cansarnos y nos sentamos a descansar un rato.
Al
sentarme entre Irix y el hermano de Max, le pregunté:
-¿Estás
preocupado, no?
-Qué
va. -me dijo de repente él, como si nada y se desperezó.
-¿Por?
-Le
conozco, se las sabe apañar bien.
-Entonces,
¿por qué has venido?
Él
se quedó unos minutos en silencio, decidiéndose entre hablar o bien
callarse.
-Le
prometí algo y tengo que cumplirlo.
No
respondí. “Dile que es verdad, que tiene toda la razón del
mundo”, “Le prometí algo y tengo que cumplirlo”
¿Debería
estar nerviosa por ello? No me gustaba mucho las explicaciones tan
extrañas que me daba el hermano de Max sin embargo no dije nada,
simplemente descansé. Al cabo de media hora volvimos manos a la
obra. Serían las dos y media de la noche y deberían haber varios
grados bajo cero.
Un
temblor me sacudió el cuerpo en aquel momento. Ahora no... ¿Por qué
tendría que estar detrás de mí?
Me
giré, despacio, pero ya se había ido.
Y
entonces me fui del grupo para poder seguir a aquel ser.
Creí
que tendría algo que decirme.
Fui
alejándome despacio, muy lentamente para que no se dieran cuenta y
entonces cuando ya no los tenía a la vista me giré y salí
disparada hacia donde el instinto me decía.
Corrí
con todas mis fuerzas (que volvían a flaquear) hasta que ya no supe
adónde ir.
Estaba
perdida y sin orientación.
El
cielo estaba completamente negro.
-¡Vale
ya! -le grité a la oscuridad. No podía soportarlo- Estoy harta,
¿sabes?
Un
silencio mortal invadió la noche.
Y
yo me senté de rodillas al suelo, para respirar. Volví a sentirla
detrás de mí, y no me lo aguanté, ahora era el momento.
-Me
vas a volver loca. No es normal. Nada lo es. De momento yo no debería
estar aquí. Y tú no deberías espiarme seas quien seas. ¿Tanto
miedo tienes de que te vea? ¡¿Tanto es?!
Me
esperaba algo, aunque solo fuera un suspiro, pero el ser aguardó,
impasible.
-Es
todo tan... Joder. -solté. Mi alma me lo pedía -Eres un acosador.
-dije luego, sin esperar respuesta.
Sin
embargo, una mano fría tocó mi hombro y digo que era fría pues a
pesar del jersey y la chaqueta noté que estaba congelada.
No
miré aunque lo deseé con todas mis fuerzas. Era la primera vez que
me había tocado en la realidad y no en los sueños.
Cerré
los ojos y por un momento me olvidé de respirar. Luego los volví a
abrir.
-¿Algún
día podré saber quién eres? -pregunté de nuevo, como si ese ser
me fuera a dar una respuesta.
Pero,
como yo esperaba, no respondió y se fue.
Entonces
volvió a aparecer en mi mente Max y me levanté de un golpe.
-¡¡¡¡MAAAAAAAAAAAAAX!!!!-grité.
Y
empecé a correr.
Salté
varios troncos que me encontré por el camino y de nuevo grité su
nombre.
Pero
no estaba. No estaba en ningún lugar y empezaba a asustarme. No
quería que le ocurriera nada, y ¡encima por mi culpa! Porque yo
había
sido la causante de todo este lío, dado que les había dicho a los
chicos de ir al sótano para no estar con Max a solas.
Y
sin embargo ahora que Max había aparecido sin dejar rastro mi
semblante se oscureció, enfadada y deprimida conmigo misma, pero no
me dejé llevar por mis tontas emociones y seguí corriendo.
Al
poco rato, empecé a oír corriente.
Agua.
Estaba cerca del río.
Sonaba
como si llevara muchísima agua a mucha velocidad y empecé a parar
por si acaso estaba cerca.
Era
como ir por un laberinto con los ojos vendados.
-¡Max!
Silencio.
Empecé
a caminar hacia adelante, todo estaba tan oscuro... y justo cuando
giré a la derecha, la tierra cedió ante mi peso y me llevó hasta
abajo.
Caí
desde unos diez metros aproximadamente.
Fue
un instante. Cuando abrí los ojos estaba en el suelo y cuando los
cerré y volvía a abrirlos, caí de lado y el agua congelada me
cortó la respiración.
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